HISTÓRICO
La bipolaridad de Chávez
EL COLOMBIANO | Publicado el 21 de noviembre de 2011
El exembajador de Estados Unidos ante la OEA, Roger Noriega, ha puesto otro punto más dramático a la ya tensa situación política en Venezuela. Ha dicho, con información obtenida de los propios médicos que tratan al Presidente, que Hugo Chávez no alcanzaría a estar ni en los comicios de octubre de 2012, dados los efectos devastadores del cáncer que padece el mandatario.

Y Chávez, en vez de desmentir esas informaciones, lo que ha hecho es ratificarlas con sus comportamientos. Su actividad política se ha disparado en las últimas semanas, pero no para hacer propuestas, sino para reactivar la máquina de repartir petrodólares a diestra y siniestra entre dos sectores que lo mantienen vivo: los militares y los más pobres.

Las declaraciones de Noriega, Chávez las ha tomado como siempre: que son parte de la estrategia yanqui para sacarlo del poder y, en consecuencia, su discurso ha vuelto a ser de insultos, amenazas y provocaciones contra todo el mundo. En especial contra la oposición, que parece haber aprendido la lección de no contestarle y quitarle parte del oxígeno que le representó en el pasado la división entre sus contradictores.

Muchas cosas vienen cambiando en Venezuela, pero no todas aseguran una derrota electoral para Chávez el próximo año. La decisión del mandatario de sacar a sus ejércitos, el político y el militar, a las calles de las principales ciudades, pero no para enfrentar el rampante crimen organizado, sino para amedrentar a sus opositores, ha vuelto a unir a los partidos contrarios al régimen y eso para Chávez es más angustiante que la propia enfermedad que padece.

Nunca como ahora, en Venezuela se había alcanzado una oposición tan fuerte y armado un abanico de candidatos de tan altas calidades políticas y una propuesta de gobierno tan consistente con los problemas que tiene el país, pero que no se han enfrentado: la violencia, la inflación desbordada y la corrupción en los más altos círculos de poder chavista.

De ahí que Chávez haya vuelto a su forma natural, pero esta vez menguado por los medicamentos para el cáncer. La bipolaridad del mandatario se ha exacerbado y sus más recientes apariciones estuvieron marcadas por la agresividad y la depresión.

Agresividad para decirles a los candidatos de la oposición que pase lo que pase no dejará el poder y que su proyecto político irá hasta 2031. Y la depresión que significa saber que dentro de su más íntimo círculo de poder ya se piensa en su remplazo. Unos insisten en su hermano, Adán Chávez, pero el exdiplomático Noriega asegura que Nicolás Maduro ha comenzado a moverse por los vericuetos militares que le aseguren su ascenso presidencial.

Lo que sí es cierto es que la plata del petróleo le sigue alcanzando a Chávez para comprar conciencias y cerrar medios de comunicación. Las cuentas de correo de periodistas independientes han sido bloqueadas continuamente y los medios de televisión a los que se les vencen sus licencias dentro de unos meses han optado por no contrariar al Coronel. Tal vez piensan, como Noriega, que lo mejor será esperar a que Chávez se apague solo.