HISTÓRICO
La carta de los hermanos Restrepo
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La carta de los hermanos RestrepoPor
Juan José Hoyos

Esta semana me llegó una carta. Estaba firmada por los hermanos Restrepo. Ellos se pasaron el Día de la Madre escribiéndola y corrigiéndola. Cuando la acabaron, querían enviarla a los periódicos, a los noticieros de radio y de televisión, al Presidente de Colombia, al Fiscal. Al final, en este país donde cada día se envían cientos de cartas como esa, no sabían a quién mandársela. Luz María, una abogada que hace parte de los trece hermanos, me la llevó a mí.

La carta está fechada en Cali, el 3 de mayo, y dice: "Queremos manifestar nuestro dolor, denunciar y exigir una investigación por la masacre descubierta el 18 de marzo de 2005 en cercanías de Galicia, zona montañosa del municipio de Bugalagrande, donde fueron encontrados siete esqueletos a la intemperie, fusilados en el mes de enero. Tres de ellos resultaron ser los hermanos Luis Guillermo, Camilo y Óscar Restrepo Mejía, quienes habían sido secuestrados el 10 de enero en la vía a Galicia".

Luz María me muestra las fotos de la última fiesta que celebraron juntos. Era el cumpleaños número 44 de Camilo. En las fotos también aparecen Luis Guillermo, de 47 años, Óscar, de 41, sus esposas, sus hijos y su madre. Todos eran técnicos agropecuarios, zootecnistas y ganaderos, hijos de Manuel José Restrepo, un colono antioqueño nacido en Jardín que se fue a montar fincas en el Risaralda. Los hermanos Restrepo nacieron en el barrio Laureles, en Medellín, donde vivieron con su madre Arabia Mejía hasta que murió su padre, Manuel José, en 1970. Viendo la situación de sus nietos y de su hija, el abuelo materno, Luis Alfonso Mejía, otro colono paisa nacido en Jericó, se los llevó a vivir a Cali. Allí crecieron y se educaron y después se dedicaron a la ganadería. Las fincas las manejaban entre todos, bajo el liderazgo de Camilo, que era el que más sabía de ese negocio.

La carta explica que "en el corregimiento Galicia, municipio de Bugalagrande, Valle del Cauca, Colombia, el 19 de diciembre del 2004 se desmovilizaron 500 hombres del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia, Auc. En lo que va del presente año se han encontrado en esa región cerca de 20 fosas comunes. Las autoridades tienen reportadas alrededor de 300 personas desaparecidas y ajusticiadas allí en los últimos tres años. Se han identificado líderes comunales, sindicalistas, propietarios, campesinos, niños, mujeres y ancianos. Según el periódico El País, de Cali, algunos esqueletos han aparecido descuartizados con motosierras. Los hallazgos se realizaron a ocho kilómetros de Galicia".

Mientras mira las fotos de la última fiesta, Luz María me cuenta lo que pasó el 10 de enero: "Mis hermanos, mi madre y otros familiares se encontraban pasando el puente de Reyes en Bugalagrande, en una antigua finca de la familia, de la que Camilo era su administrador. Camilo había sido recientemente contratado por el señor Diego Soto para hacer el avalúo de un ganado en una finca vecina situada en Galicia. La viuda de César Tulio Daza era la dueña de la finca y del ganado. El 10 de enero -lunes festivo- la familia estaba desayunando cuando Diego Soto llegó con su chofer a recoger a Camilo para el avalúo del ganado. Camilo convidó a Luis Guillermo y a Óscar. Ellos, además de hermanos, eran buenos amigos. Como la finca quedaba cerca, se fueron en bermudas y en sandalias. Ni siquiera llevaron papeles de identidad. Camilo fue el único que se puso unas botas de cuero".

El resto de la familia se quedó esperándolos el resto del día. A las seis de la tarde decidieron enviar a dos trabajadores a buscarlos. Por la carretera a Galicia, los trabajadores se encontraron unos hombres armados que les dijeron: "Díganles a las señoras que a ellos se los llevaron, que todo va salir bien, que don Diego Soto arregla el asunto, que se regresen para Cali y que no le informen nada a las autoridades". La familia de Soto dijo que los habían secuestrado y que pedían 350 millones de pesos por liberarlos, que el asunto era cosa de días.

Pero no fue así. La familia Restrepo denunció el secuestro ante las autoridades de policía. Pasaron dos largos meses de zozobra, silencio, espera, llamadas, plegarias, mensajes a los secuestrados en los programas radiales? Luego empezaron los rumores de que habían sido asesinados. Doña Arabia, la madre de los Restrepo, tuvo que ser hospitalizada. En tres ocasiones los hermanos fueron llamados a identificar cadáveres hallados en fosas comunes en el norte del Valle. Ninguno era el de ellos.

Para contar una historia como la de los hermanos Restrepo, uno quisiera hallar palabras tranquilas, que no tengan fiebre, ni histeria, que no acusen injustamente a nadie, que triunfen sobre el odio en este país lleno de odio, que le permitan a uno elevarse siquiera un centímetro por encima de este carnaval de sangre? pero es casi imposible. El caso terminó así: después de recorrer cientos de kilómetros por montañas y valles de la cordillera, arriesgando su vida durante dos meses, cruzando un territorio lleno de gente armada, y acompañado por un grupo de agentes del Gaula, uno de los hermanos encontró por fin los cadáveres el pasado 18 de marzo. Estaban tirados en un rastrojo, al sol y al agua. Los habían cubierto a medias con ramas cortadas de los árboles. Les habían echado gasolina y prendido fuego. Sólo había huesos? y un par de botas de cuero marca Gambinelli. Las mismas que se había puesto Camilo esa mañana. Las aves de rapiña habían consumido lo demás. Junto con los hermanos Restrepo, fueron fusilados sin misericordia, y después quemados, Diego Soto, su chofer, Arbey Mosquera, y dos vaqueros. El hombre que ayudó a encontrar los cuerpos dijo que la matanza había sido por una deuda pendiente de la dueña del ganado, con uno de los tantos grupos armados de paramilitares y narcotraficantes que todavía hay en la región. Diego Soto iba a cobrar la deuda. Los Restrepo piensan que los asesinos hicieron aparecer el hecho como un secuestro, para ganar tiempo, cubrirse la espalda y no dejar huellas, y luego arrojaron los cadáveres en una zona dominada por la guerrilla. Una tierra de nadie donde se confunden los ejércitos particulares con las redes de informantes y con los paramilitares, y donde las sentencias las ejecutan asesinos a sueldo de "dones" y "señores" de la muerte.

Desde las montañas, soldados del Ejército Nacional bajaron los huesos en bolsas de plástico -pequeñas- hasta la morgue de Tuluá. Después de ver el tamaño de los restos, los empleados de la funeraria aconsejaron a los hermanos Restrepo que compraran ataúdes pequeños, de niños, para enterrarlos. Ellos no aceptaron. "¿Cómo vamos a llevárselos así a mi mamá?", dijo uno de ellos.

Hoy, por este crimen, no hay detenidos. No hay sino cadáveres. Siete en total. Con la ayuda de sus cartas dentales, a los hermanos Restrepo los identificaron sus odontólogos en la morgue de Tuluá. A Diego Soto y al chofer, los identificaron los médicos legistas. De los dos vaqueros que los acompañaban esa mañana de enero ni siquiera se logró averiguar el nombre. Fueron enterrados en el cementerio de Tuluá en tumbas marcadas con las letras N. N.

Luz María guarda las fotos de la fiesta con los ojos llenos de lágrimas. Luego me pregunta: ¿a quién le mandamos esta carta?