HISTÓRICO
LA DEFENSA DE LA VIDA ES MÁS QUE UNA IDEOLOGÍA
  • LA DEFENSA DE LA VIDA ES MÁS QUE UNA IDEOLOGÍA
Por Carmen Elena Villa Betancourt | Publicado el 18 de junio de 2013

En la opinión pública mundial crece, de manera cada vez más galopante, la corriente de querer separar las creencias religiosas de la moral pública. Frases como “saquemos los rosarios de los ovarios” que rima muy bien pero que está vacía de contenido, hacen parte de ideologías guiadas por el deslumbramiento que trae el "mito del progreso" y que buscan la libertad por encima de cualquier derecho.

“Cuando el hombre quiere afirmarse a sí mismo, encerrándose en su propio egoísmo y poniéndose en el puesto de Dios, acaba sembrando la muerte”, dijo el Papa Francisco el pasado domingo en la homilía de la misa de clausura de la jornada Evangelium Vitae que se realizó en Roma la semana pasada.

En este evento, que contó con conferencias, exposiciones y momentos de oración, muchas organizaciones dieron testimonio de iniciativas que hacen concreto el compromiso de la Iglesia en la promoción, respeto y dignidad de la vida humana.

Me llamó la atención la frase del Papa citada arriba. Apartarse de Dios, nos va cerrando en una mente egoísta disfrazada de vanguardista que nos conduce a la mentira, nos hace ver como prioritario el derecho a buscar el placer a toda costa y a decidir sobre el propio cuerpo. Y nos enceguece hasta el punto de creer que el ser que lleva una mujer en su vientre no es humano y que se puede matar porque ella tiene derecho a decidir.

Estas ideas van calando lentamente en la mentalidad contemporánea, obnubilando al hombre y llevándolo a situaciones como la que ocurre hoy en Bélgica, donde la eutanasia es legal hace once años y se ha aplicado no solo a enfermos terminales sino incluso a personas ciegas, sordas o con un cuadro de depresión. La visión utilitarista los ha llevado a buscar la muerte y a justificar su presunta legalidad.

Quien cree firmemente en un Dios vivo cuyo plan amoroso es inmensamente más perfecto que el nuestro y quien tiene la dicha de percibir esta presencia en su vida cotidiana, necesariamente ve con preocupación y dolor plagas como el aborto, la eutanasia o las amenazas contra la familia. Por ello tiene el derecho y el deber de expresar libremente su opinión.

Es verdad que muchos no creyentes también defienden la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Su sentido común los hace ver que la vida tiene un valor intrínseco porque se trata del don más preciado y que el nivel de utilidad o la forma como fue concebida no es lo que la hace más o menos valiosa.

Por ello defender la vida no es seguir una corriente ideológica sino entender, como dijo el Papa, que Dios no es un ser que limita nuestra libertad de vivir sino más bien aquel que “nos da la vida y que indica la vida plena”.