HISTÓRICO
LA DESTITUCIÓN DE PETRO
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    LA DESTITUCIÓN DE PETRO |
Por HERNÁN GONZÁLEZ RODRÍGUEZ | Publicado el 22 de diciembre de 2013

La gran mayoría de los bogotanos deben agradecerle al señor procurador, Alejandro Ordóñez Maldonado, sus ingentes esfuerzos para librarlos de dos pésimos alcaldes, uno corrupto y otro incompetente, a pesar de haber sido elegidos por voto popular. Pero el resto de los colombianos debemos preguntarnos, ¿cómo se va a reemplazar la destitución de alcaldes fracasados como el señor Gustavo Petro Urrego ?

Comienzo por afirmar que el voto popular no siempre garantiza la elección de funcionarios que fomenten las democracias, algunos las destruyen. Por esto se oye afirmar que "el voto popular resulta con alguna frecuencia ser la mejor manera de elegir al más malo de los candidatos", realidad amarga que se comprueba en Bogotá así como con los centenares de alcaldes destituidos en años recientes en otros municipios, tanto por el entonces procurador Maya Villazón como por Ordóñez Maldonado.

Recordemos que Hitler y Chávez fueron elegidos por voto popular y resultaron ser nefastos para sus democracias. Tomemos nota de que el apoyo de las Farc desde Cuba a la restitución de Petro en su cargo hace parte de la hoja de ruta que le esperaría a Colombia en caso de abrirles las puertas del Gobierno a unos guerrilleros también inamovibles, sin valores humanos, sin formación académica, sin experiencia administrativa, en búsqueda del poder y de la paz, sí, pero la paz de las dictaduras del castro-chavismo.

En todo el mundo exigen la administración y la planeación de las metrópolis la participación de los mejores grupos de especialistas. La "economía urbana" figura dentro de las nuevas disciplinas con mayor demanda en el mundo. Comprensible que el señor Gustavo Petro carezca de tales conocimientos; pero para suplirlos debió haberse rodeado de funcionarios competentes que le impidieran dilapidar el patrimonio de Bogotá, improvisar en las basuras, en el ordenamiento territorial… Petro se ha caracterizado por interpretar las leyes a su antojo, por nombrar y destituir funcionarios, hasta que finalmente le tocó el turno a él mismo.

¿Qué hace el señor Petro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos defendiendo unos "derechos políticos, no humanos" que marchan en contravía con el progreso de Bogotá y del país? A los legos nos llaman la atención los numerosos congresistas, también elegidos por voto popular que han sido destituidos por causales menos graves, sin causar las protestas de la izquierda castro-chavista. No considero conveniente modificar las leyes para asegurar la permanencia de ineptos y bandidos en sus puestos, habida cuenta de lo que se cocina en La Habana. Se observa con extrañeza, asimismo, que pretenda el señor fiscal, Luis Eduardo Montealegre Lynett, quien ha dado muestras frecuentes de sus criterios sesgados y miopes, atribuirse la competencia para ejercer control de legalidad sobre las decisiones de la Procuraduría en la destitución de Petro. Entendemos que esta función le corresponde a la Corte Suprema de Justicia.