HISTÓRICO
LA DEUDA DE LAS FARC
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Por YOHIR AKERMAN | Publicado el 26 de agosto de 2013

Las próximas elecciones presidenciales se van a dar en función del proceso de paz. Eso quedó claro con la jugada del gobierno de formular un referendo, y de paso descartar la equivocada propuesta de las Farc de una Asamblea Constituyente.

No sólo eso.

El presidente Juan Manuel Santos también le dejó claro a la guerrilla que será él quien decida el mecanismo por el cual cerrar, jurídica y políticamente, este capítulo de negociaciones, y no su contraparte como la guerrilla estaba insinuando.

Por eso mismo Santos planteó juntar ese eventual referendo a las elecciones de Congreso o presidenciales, seguramente estas últimas, para además definir su reelección y poder cumplir con el umbral mínimo asegurando una votación masiva para que la sociedad acepte o rechace los puntos acordados con la guerrilla.

Hábil el Presidente.

El referendo de los convenios con la guerrilla pondrá el tema de la paz como el foco central de las elecciones y desplazará a segundo plano otros elementos, como el de la escogencia del candidato presidencial del uribismo. Un golpe a sus contrincantes.

Posiblemente por eso las Farc rechazan la propuesta, ya que esto politiza el proceso de negociación, prefiriendo una Asamblea Constituyente que les permitiría mucho más control de sus futuros puestos.

No es para menos.

Un referendo es una votación de una lista de puntos que los electores aprueban o no. Así de sencillo. Por su parte, una Constituyente conlleva a escoger a un conjunto de personas para que decidan qué reformas necesita el Estado.

La distancia que hay entre esos dos mecanismos pone en evidencia la brecha que aún separa las dos visiones de las partes de esta negociación.

La más importante es que las Farc tienen que entender que ellos no están en este proceso para trasformar la estructura política, sino para legalizar su actividad, formar un grupo político y desde la democracia, someter sus ideas, quedadas en el tiempo, a la elección y aceptación popular.

El problema es que la guerrilla tiembla con las reglas democráticas. Sus dirigentes temen que su discurso tendrá un alto rechazo en la sociedad y por eso prefieren un número de delegados no elegidos por los votos, sino impuestos por decreto como resultado de la negociación.

Errado.

Sobre todo porque, hoy en día, las Farc no representan a ningún sector de la sociedad, así pretendan hacerle creer eso a la gente. Por eso si se levantaron temporalmente de la mesa no es porque estén en desacuerdo con que un referendo sea la mejor forma para que la sociedad valide el proceso, sino porque les da miedo someterse a una votación electoral.

Es facilista obligar que sus delegados sean nombrados a dedo. Pero es que si se quieren reintegrar a la sociedad, y más aún, ostentar poder desde la política, tiene que dejar la mentalidad que la sociedad les debe algo porque no es así.

Ellos son los que están en deuda. Y el proceso fracasará si la guerrilla no entiende eso o si está esperando gobernar sin someterse a las elecciones populares. Está demostrado que su revolución no se logró por las armas, pero es que tampoco se va a lograr por decreto.