HISTÓRICO
LA ECONOMÍA
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Por P. HERNANDO URIBE C., OCD | Publicado el 27 de junio de 2013

Economía es una palabra amable, el buen manejo de la casa, el lugar donde habito. Mi casa tiene el espíritu que yo, su morador, le pongo. La ecología, la vida en casa, reclama buen gusto, sensatez. Al ser humano le corresponde la tarea de hacer que cada cosa ocupe su lugar en el mundo. "Donde no hay amor, ponga amor y sacará amor", dice San Juan de la Cruz. El amor hace armónico cada espacio del universo dándole sentido de unidad.

Dios mismo es económico por su sentido armonioso de la creación, que el hombre necesita comprender y valorar. En Dios, uno en tres, tres en uno, economía es sabiduría. "Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien" (Gén 1, 31). Economía es la fuerza divina que interviene en el curso del mundo de modo discreto y sobrio, en cuanto que Dios, el principio de todo, da luz y fortaleza al ser humano para realizar sabiamente su actividad en la tierra.

La economía es buena si se fundamenta en la autoestima, la relación de amor consigo mismo; en la política, el arte del bien común; y en la religión, la relación de amor con Dios. Maneja bien la economía el hombre que pone amor en su relación cosmoteándrica, y por eso sabe vivir muy bien con muy poco. El hombre cuenta con el concurso divino, que llamamos Divina Providencia, de quien recibe "el mando sobre las obras de sus manos" (Salmo 8).

El dinero hace falta para todo. No hay nada que no tenga precio y valor. Cuando recibo un regalo, alguien lo tuvo que pagar. Mas el dinero llega a deslumbrarme hasta convertirlo en el dios que adoro, cambiando casi sin darme cuenta por idolatría la adoración.

Al hombre fascinado por la codicia, el dinero se le convierte en estiércol del demonio, que todo lo ensucia irremediablemente, como pasa con la crisis económica mundial, expresión de un mundo de idólatras, vueltos cosa entre las cosas, en una carrera loca por recoger, acaparar y retener, en que lo de todos pasa a ser de pocos.

Sólo un corazón puro garantiza el buen manejo de la economía. Para el Maestro Eckhart, un corazón puro "es aquel que no se perturba por nada ni está apegado a nada; no tiene preocupaciones, no desea seguir su propio camino, sino que se siente feliz de estar inmerso en la amorosa voluntad de Dios".