HISTÓRICO
LA FAMILIA, AUNQUE NO SALGA EN LAS ENCUESTAS
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    LA FAMILIA, AUNQUE NO SALGA EN LAS ENCUESTAS |
Por JUAN JOSÉ GARCÍA POSADA | Publicado el 23 de diciembre de 2012

Me impresionó la columna más reciente del padre Hernando Uribe Carvajal sobre la relación entre Navidad y familia. Contiene una lección sapiente, sencilla y profunda de espiritualidad, muy oportuna como orientación para comprender el sentido verdadero del espíritu navideño, tan distorsionado por incontables factores que privilegian los intereses materiales y la vanidad de las apariencias.

La verdadera Navidad sólo puede gozarse en familia. La cercanía puede ser física o mediante los instrumentos de aproximación comunicativa que nos proporciona la tecnología. Lo primordial está en que en estos días se fortalezca ese coaligante nuclear de la sociedad, con la reedición del pesebre y la consolidación de los vínculos afectivos de padres e hijos, nietos y abuelos, tíos y sobrinos y demás celebrantes.

Aunque la familia rara vez se anote y puntúe en las encuestas periódicas sobre favorabilidad de las instituciones, la actual movilización navideña de millones de viajeros por tierra y aire reafirma una actitud colectiva, un sentimiento general, un afán natural de reencuentro afectuoso con los familiares de todas las generaciones.

Los sondeos frecuentes, como el que se divulgó la semana pasada, incluyen instituciones públicas y privadas, Iglesia, medios de comunicación, ejército y policía, legislativo y judicial, etc., pero la familia no figura, ojalá porque esté implícito el reconocimiento de que es la institución social básica, esencial, sin la cual se desintegra cualquier organización humana.

Porque lo que uno teme, a partir de tantos hechos e indicios, es que al mantenerse expuesta a un bombardeo persistente desde todos los frentes imaginables, la institución familiar esté debilitándose y vaya pasando a ser tan marginal como en otras sociedades más desarrolladas pero en las cuales la crisis económica ha arrastrado valores y principios fundacionales.

La supervivencia y el progreso de la institución familiar deberían constituir los fines principales de cualquier proyecto de buen gobierno. Es en la primera de todas las instituciones, en la familia, en la que debería concentrarse, aprender y apoyarse el poder generador de bienestar del Estado y la llamada sociedad civil.

En teoría, todas las funciones públicas parecen orientadas a desarrollar la complejidad de facetas del ser humano como ser social y familiar. Pero en la práctica se dispersan y se minimiza el bien común general. ¿Qué le dejan a la familia las decisiones reformistas y las acciones políticas de cada día?

Reunir la familia, defenderla de las amenazas que gravitan sobre ella comporta un deber ético urgente, apremiante. Los días de Navidad enseñan la mejor ocasión posible para renovar ese propósito, que debe trascender y prolongarse, más allá del bondadoso estereotipo de los deseos que se declaran en tarjetas y mensajes de correo electrónico. Hay tantas cuestiones para cavilar hoy 24 y en esta Nochebuena.