HISTÓRICO
LA FEDERACIÓN DE LA DESINTEGRACIÓN CAFETERA
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    LA FEDERACIÓN DE LA DESINTEGRACIÓN CAFETERA |
Por ÓSCAR TULIO LIZCANO | Publicado el 16 de marzo de 2013

El paro cafetero dejó en evidencia la fragilidad de la (poderosa) Federación de Cafeteros. Está claro que no es la misma institución de hace unos años. Despilfarró e improvisó al adquirir empresas que fueron a la quiebra, como la Flota Mercante Colombiana, de la que sólo quedan las elevadísimas pensiones de sus directivos. Aces, Bancafé, Concasa, la Corporación Financiera de Caldas, entre otras, también sucumbieron.

En los 90, los recursos del Fondo Nacional del Café fueron utilizados para salvar a bancos que quebraron, no por la crisis económica, sino por manejos corruptos.

No es la misma Federación porque, además, el grano pesa cada vez menos en la economía colombiana. Hace treinta años el café representaba más del 50 por ciento de las exportaciones del país. Actualmente, corresponde tan sólo al cinco por ciento. Sin embargo, el impacto social de este cultivo es muy alto: de cada tres empleos en el campo, uno por el café.

Y aunque hay colombianos con tierras aptas para producir el mejor café del mundo, la Federación decidió, desde el 2000, importar café. Hasta ahora no existe otra organización gremial, en el mundo, que legitime importar productos que cosechan sus agremiados. Les pareció a estos señores que era preferible importar 600 mil sacos de café del Perú, Ecuador y Brasil, a un dólar por libra, y exportar nuestro café suave a un precio mucho más elevado. La noticia sorprendió a los pequeños y medianos productores. No alcanzaron a calentar los motores los camiones que lo iban a traer, cuando el precio internacional había caído 30 centavos de dólar por libra.

Compramos café de afuera cuya producción es más barata. Por un lado los importadores no tienen que pagarle contribución a una despilfarradora Federación Cafetera, y controlan broca utilizando Endosulfán, un insecticida prohibido en Colombia.

"La gran pregunta que yo le he hecho al Gobierno es qué se hicieron los cerca de 20 billones de dólares que entraron al Fondo Nacional del Café, producto de los altos precios del grano hace unos años.

No estamos pidiendo limosna ni subsidios, sino el reintegro de los dineros que se ahorraron durante los últimos 50 años", advirtió en diciembre pasado, en este diario, el cafetero y exportador paisa Pedro Echavarría.

¿Por qué se gastaron el 80 por ciento de esos recursos en cosas diferentes a la sustentación del precio interno?, cuestionó también Guillermo Alonso García, en el libro Quién se tomó mi café.

Un reciente gerente de la Federación decidió entregar a particulares, abusivamente, la explotación comercial de bienes públicos de naturaleza parafiscal de propiedad del Fondo Nacional del Café. Miles de millones de pesos se han destinado para salvar las tiendas Juan Valdez, que nacieron quebradas por el formato con el que las crearon.

Descaradamente, la Federación ha metido la mano en el bolsillo de un sector en el que el 60 por ciento son campesinos de muy pocos recursos. Cuánto se gana el gerente de la Federación, Luis Genaro Muñoz, quien no renunció durante el paro, pese a que ni el Gobierno ni los caficultores lo tuvieron en cuenta para llegar al acuerdo.

Ni siquiera atendieron su llamado a levantar el paro.

Está claro que lo que lidera Muñoz no es propiamente la unidad cafetera, pero insiste en seguir devengando su abultado sueldo, pese a las serias equivocaciones que tan gravemente están lesionando el bolsillo del caficultor.