HISTÓRICO
LA LENGUA AL BANQUILLO
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Por DIEGO ARISTIZÁBAL | Publicado el 22 de agosto de 2012

Me parece laudable la preocupación que tiene Medellín de ser una ciudad bilingüe. Eso da muestra de que atrás van quedando esas montañas que antes nos hacían creer que sólo lo hecho aquí tenía un mérito, sólo lo hablado en esta tierra de arrieros era digno de ser repetido cual si fuera el himno de la humanidad.

Pero el deseo va más allá, o mejor, el deseo debería empezar desde más acá con el perfeccionamiento y el cuidado de nuestra lengua materna. ¿Para qué queremos hablar una segunda lengua cuando, a veces, la primera se construye, más que con palabras, con disparates y torpezas?

Durante años he sido profesor en buenas universidades de Medellín y Bogotá y debo confesar con vergüenza que muchas veces he llegado a creer que lo que escriben ciertos jóvenes estudiantes no puede estar escrito en español. Leo y releo tratando de encontrar claridad pero no es posible, las ideas son confusas, desestructuradas, no existen. A veces pienso que muchos no superaron la escuela y el colegio lo pasaron de largo.

“ipocrita”, “paiz”, “aucencias”, “sierto”, “me llamo la tencion”, “mi papa travaja”, “no tengo interez”, “me apaciona leer”, “la cosas irroneas de este pais”, “hacechan”, “la sutilencia”, “corrucción”, “entrivistar”, “nuestra bipolar nación”, “existoso”, desepcion”, “Colombia es un país donde tiene mucha corrupción”, “haci no vamos pa ninguna parte”, “trizteza”, “asecinado”, “habran los ojos”, “zarcasmo”, “inicio la hobra”, son apenas una muestra de las palabras que componen la desazón del lenguaje universitario.

Así como hay preocupación porque los estudiantes, e incluso los profesores de secundaria, no hablan inglés, debería existir una preocupación similar para que se hable y escriba correctamente el español. A veces me da la impresión de que somos tan vergonzantes de todo lo nuestro, incluso de nuestra lengua, que ni siquiera nos tomamos el trabajo de saberla bien, de repasarla, de volverla a aprender en caso de que nuestra formación en ella haya sido deficiente. Es como si en esto de los idiomas quisiéramos estar a la moda cuando nuestra lengua está vestida con los peores harapos.

Si los colegios no están haciendo bien su tarea en español ¿cómo pretendemos que Medellín sea una ciudad bilingüe? Yo dejé de creerle a una novia que tuve en el colegio cuando en una carta me dijo en mayúsculas sostenidas: “TE ESTRAÑO”. Vi ese sentimiento tan enrarecido, tan problemático que entendí que con ella la relación no tendría futuro.

Escribir mal es una forma de violencia. Agredimos al otro por culpa de nuestros descuidos y así entonces vamos entendiendo que cuando no sabemos hablar (mucho menos escribir) el diálogo no es posible y el resultado es un país como el que tenemos. Qué más quisiera yo que los estudiantes de Colombia fueran bilingües, para empezar asumamos el español en serio.