HISTÓRICO
La mano de Dios
  • Raúl E. Tamayo Gaviria | Raúl E. Tamayo Gaviria
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Raúl E. Tamayo Gaviria | Publicado el 15 de octubre de 2010

Esta semana presenciamos por televisión un milagro multiplicado por treinta y tres. Hasta los más insensibles se quedaban petrificados ante los aparatos de televisión, sin responder al teléfono, mirando el rescate de los mineros chilenos que iban saliendo uno a uno de las entrañas de la tierra.

"Era como presenciar el alumbramiento de la madre Tierra que iba pariendo de sus entrañas a treinta y tres obreros que se había tragado setenta días antes", me dijo un amigo emocionado.

Mario Sepúlveda, el minero que no perdió el sentido del humor durante el encierro en las entrañas de la tierra a setecientos metros de profundidad, contaba al salir de la mina San José que había sido un cruce entre Dios y el diablo. Él pensaba en su encierro: "Será que nos lleva el diablo o que Mi Dios nos salva, y ganó Dios".

Excelente ejemplo de disciplina y paciencia nos dieron los chilenos. Pueblo grande y organizado. Tanto los mineros atrapados y sus familias, como el gobierno de Sebastián Piñera y sus ministros. No desfallecieron los primeros diez y siete días sin tener noticias de lo que pasaba a setecientos metros de profundidad. Cuando se dio la gran noticia de supervivencia con aquella emocionante hojita que salió de las profundidades: "Estamos bien, en el refugio, los 33".

Desde ahí, todo se movió, las esperanzas, el gobierno, que empezando por el Presidente, le contó al mundo la feliz noticia, la ayuda internacional, la solidaridad del mundo entero, hasta que culminó con la salida de todos. Sanos y salvos. Se vio la mano de Dios.

Colombia tiene otro récord y es el de haber salvado con sus Fuerzas Armadas y de Policía a once secuestrados después de llevar entre seis y doce años de cautiverio, sepultados en las profundidades de la selva y sometidos a toda clase de vejámenes y peligros. En medio de la selva inclemente, atados con cadenas y amenazados de muerte a cada instante.

No tuvieron la esperanza de saber que los técnicos y la maquinaria estaba avanzando cada día en su rescate.

Por el contrario, al sentir las balas de las fuerzas del orden o el sobrevolar de los aviones de combate, aumentaba su miedo por pensar que al llegar las Fuerzas Armadas, los primeros muertos eran ellos bajo las balas del narcoterrorismo.

Por eso, tanto secuestrados como sus familias pedían que el Gobierno no intentara rescatarlos. Qué diferencia con los mineros que cantaban, llamaban a sus familiares, no veían el sol, pero con esperanza veían llegar el día de su salida.

Nos alegramos con el pueblo chileno y los felicitamos por la alegría que hoy los embarga, como a nosotros y a todo el mundo, pero no dejamos de recordar que Colombia, bajo las manos de Dios, del presidente Álvaro Uribe y sus Fuerzas Armadas y de Policía logró un salvamento más difícil, para ocho colombianos y tres americanos, después de entre seis y doce años de salvaje secuestro bajo inminente peligro de muerte, tanto para los rescatados como para los liberadores.

ÑAPA: Celebramos el Premio Simón Bolívar para el amigo y joven periodista Sergio Esteban Vélez, de El Mundo , por su reportaje al maestro David Manzur, en febrero pasado.

Ya Sergio había recibido el premio "José María Heredia". Sergio es un periodista de principios y valores de derecha que nos ayudó a evitar que los comunistas hicieran apología de la Revolución Cubana. Esto lo festejamos cabalgando en los caballos de Frontino y Sabaneta.