HISTÓRICO
LA MARCHA NUPCIAL
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Por RAFAEL ISAZA GONZÁLEZ | Publicado el 19 de abril de 2013

Amable lector, la belleza es algo subjetivo, no obstante cuando alguien contempla las esculturas de Fidias, Policleto y Lisipo, para no mencionar otros de la antigua Grecia y las compara con las de nuestros aborígenes, sin ofender a nadie, es fácil concluir que hay pueblos más cultos.

A manera de ejemplo, casi nadie duda de que el pueblo francés es culto. A pesar de ello, hasta hace pocos lustros el baño diario era algo impensable. Pero como dice el refrán popular: "No hay mal que por bien no venga", por eso fue que, madame "Coco Chanel" y otros más inventaron los más refinados perfumes del mundo. En cambio, en las gentes poco ilustradas del trópico, es raro encontrar personas que no se duchen a diario, y con un pachulí se sienten frescas.

Hago estos comentarios con motivo de las discusiones que se adelantan en el Congreso Nacional para aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. El argumento de mayor peso es que en países más civilizados ya ha sido reconocido. No importa que las nuevas parejas, como en el antiguo continente, se bañen un par de veces al mes, pues para eso está el Chanel n.° 5.

Desde la antigüedad han existido personas, que por razones que no es del caso examinar en este breve escrito, solo sienten atracción por las del mismo sexo. Todas ellas, sin excepción, deben ser respetadas, pero también ellas deben ser prudentes con las demostraciones en público de sus arrebatos eróticos.

Desde varios siglos antes de Jesucristo se viene hablando de la unión de un hombre y una mujer. Y a partir del momento en que se estableció el contrato matrimonial, aunque un poco en desuso en esta época, siempre se tuvo la idea que era entre un hombre y una mujer. Pero la humanidad ha evolucionado y por fortuna tenemos más de un legislador que cada vez que hablan nos cautivan por su inteligencia, buen criterio y sobre todo por la vocación de servicio al prójimo. Colaboran en esta causa, un buen número de periodistas e intelectuales, que abundan en nuestro medio. Para que esta unión sea plena la ley debe permitir que estas parejas adopten hijos, mientras la ciencia médica consiga que los conciban por sus propios medios.

Es casi seguro que el doctor Benedetti y quienes lo apoyan en esta noble gestión, tienen un estimativo sobre el costo pensional que demandará el viudo de Pedro o la viuda de Margarita. Pienso que las modificaciones que serán necesarias hacer al Código Civil y otros textos legales ya se conocen. Tampoco sobra intentar ponerle freno a los miles de "vivos", que reclamarán una pensión vitalicia alegando que se les murió el amor de su vida.

Siento temor de que cuando alguien le pregunte a un niño por los nombres del papá y la mamá, se sienta un poco confundido al responder que se llaman Alejandro y Roberto. Lo menos que podrían hacer los legisladores de hoy para compensar el daño irreparable que harán a muchos niños, es garantizarles que cuando sean mayores de edad, por derecho propio, serán miembros del Honorable Congreso Nacional o por lo menos de la Corte Suprema de Justicia o del Consejo de Estado.