HISTÓRICO
La marea chavista se apoderó ayer de las calles de Caracas
  • La marea chavista se apoderó ayer de las calles de Caracas | No importó el calor del día para darle el apoyo al candidato Nicolás Maduro al cierre de la campaña. FOTO FEDERICO RÍOS E.
    La marea chavista se apoderó ayer de las calles de Caracas | No importó el calor del día para darle el apoyo al candidato Nicolás Maduro al cierre de la campaña. FOTO FEDERICO RÍOS E.
Texto: José Guarnizo Álvarez. Fotos: Federico Ríos E. Colaboración especial desde Caracas | Publicado el 11 de abril de 2013

Henry Parra, un campesino y compositor que ofrece el aspecto de un hombre cansado, empapado de sudor, zarandeado por una horda que lo empuja y que lo pisa, ajusta dos años persiguiendo a Chávez y a Maduro a cuanta presentación pública ha tenido lugar en cualquier rincón del país.

Salió de su casa a las 4 de la mañana, en Aragua, un estado al Norte de Venezuela, con su guitarra y sus dos hijas con la ilusión de que, entre cientos de miles de personas que se tomaron las siete principales vías de Caracas ayer, Nicolás Maduro se fijara en esa canción que compuso en su honor sentado en la hamaca de su casa y a la que le dio el nombre de La Metralleta.

Pero no era Henry precisamente quien pretendía cantarla. Franyerlis, de 11 años, y María Ángel, de 9, sus hijas, tenían afinada la garganta para trovar algo que ni a lo mejor entendían: "La metralleta la traigo para lanzarle plomo grueso a un grupo de personajes, una parada de arribistas y oligarcas que son capaces de todo para que voten por ellos".

Pero Henry era una hormiga en ese río de gente que fue creciendo con las horas y que se fue volviendo cada vez más asfixiante, al punto que las desmayadas, aún sin comenzar el acto central, comenzaron a desfilar en camillas que ardían con el sol de la media tarde.

Si no era fácil caminar entre los marchantes que el oficialismo sacó a las calles, mucho más remoto sería que Maduro, montado en un camión que salió de Miraflores, se fijara en un señor de sombrero y guitarra que desde la tarima se veía como un puntico nomás.

Caracas ayer colapsó. Colapsó porque todas las entidades del Estado dejaron de trabajar, porque solo el gobernador de Yavacuy, Julio León, reconoció que se trajo de su región a nada menos que 10 mil personas. Y Venezuela tiene 23 Estados.

Desde el día anterior, Maduro –en un discurso en el que se dedicó a desdeñar de ‘caprichito’, como suele llamar a Henrique Capriles - pidió a voz en cuello tapizar a Caracas de punta a punta con camisetas rojas. Y le hicieron caso.

Pero más que por Maduro, los seguidores de la revolución marcharon por Chávez, "el comandante eterno".

Bastó ver las estampitas que ofrecían los vendedores ambulantes. Por una de Maduro había diez o veinte de Chávez, cuyo mito a veces raya con la de un beato al que se adora en altares. Víctor Jauri –moreno, barriga afuera- se ha hecho casi rico vendiendo una imagen en la que aparece Chávez vestido de verde y recibiendo el rocío de la lluvia. La foto fue tomada el 5 de octubre del año pasado, día de las elecciones y se vende como pan.

Ahora bien, ¿por qué marcharon? ¿Por qué dejaron todo lo que estaban haciendo para venir a este acto, que por momentos daba más la sensación de ser un concierto de una congregación?

Rosa, una mujer sin dientes que barre calles, dice que, aunque no se ha beneficiado de nada de la revolución, a su sobrino el Gobierno le regaló una "canaimita" (un computador de bajo costo) y que eso cuándo se había visto. "¿computadores gratis, chico? ¿Dime tú cuánto? La derecha no hace eso", dice.

¿Qué es para ti la derecha?, le pregunté.

"La derecha son los ricos que roban", contestó Rosa.

Si lo que se vio ayer fue imponente, la pregunta que se hacían muchos caprilistas condenados a no salir de sus casas, era de dónde había salido tanta gente. Respuestas hay muchas. Solo entre los damnificados de las lluvias del año 2010 hay unas 27 mil familias.

"Ellos son los primeros que salen", repone Fernando Quiroz, simpatizante de la campaña de Capriles. A 13 mil de ellos les han dado apartamentos, según la versión oficial, y el resto llevan dos años en hoteles de dos y tres estrellas. Allí fueron enviados por el Gobierno. "A los hoteles no nos preguntaron nada, solo los trajeron y no podíamos decir que no, de lo contrario nos expropiaban", dice la administradora de uno de estos lugares, que en dos años ha tenido que despedir a 22 empleados, entre camareras, personal del aseo y meseros.

Al final de la tarde, Henry y sus hijas quedaron a varios metros de la tarima principal. Franyerlis y María Ángel se quedaron arregladas y vestidas, una de vaquerita, la otra de campesina tricolor.

Lo insólito de la escena fue que Henry no estaba esperando plata ni un puesto en el Gobierno. Su mayor premio habría sido que los oídos de Maduro, a quien vio de lejos vociferando palabras en contra la oligarquía, lograran contagiarse así fuera de un pedacito de La Metralleta.