HISTÓRICO
LA MENTIRA CUBANA
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    LA MENTIRA CUBANA |
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ | Publicado el 21 de enero de 2013

Acostumbrada a gobernar a su pueblo por más de medio siglo a través de mentiras y verdades a medias, la dictadura cubana vuelve al ruedo de la ridiculez con una reforma migratoria que pone al pasaporte como único documento necesario para salir de la isla. ¿El problema? Adquirir el librito requiere el sueldo de medio año.

Tras una semana de vigencia de la nueva ley, que fue expuesta por el oficialismo como una apertura de libertades, las críticas de los ciudadanos demuestran que no solo el pasaporte dobló su valor sino que, a un precio de 100 dólares, se convirtió en un objeto de lujo para el cubano promedio que en un mes no es capaz siquiera de recolectar 20 dólares.

Algunos afortunados, ahorradores o patrocinados por fundaciones internacionales, han logrado dar el paso y pedir el nuevo documento que en medio del dinosaurio burocrático de la isla se demora hasta dos semanas para ser entregado. Las filas de aquellos que querían obtener el renovado símbolo de libertad fueron llamativas los primeros días pero no son más que la foto de un pequeñísimo porcentaje de favorecidos.

La élite dictatorial se vio abocada a dar el paso por una crisis económica escandalosa que ahora busca un nuevo salvavidas en las remesas de aquellos que salgan. A pesar de esto, con tantas trabas parece que los viajes serán pocos, además controlados por el gobierno que se guarda la potestad de negar algunos pasaportes por "interés público" o "defensa".

Como si la dictadura que los oprime no fuera suficiente, los cubanos además tendrán que luchar con la abusiva política de visados que buena parte del mundo impone a los latinoamericanos y de la cual los colombianos somos ya desafortunados conocedores. Un proceso que, aunque dice seguir parámetros puntuales, está plagado de inconsistencias e injusticias.

Los cubanos necesitan visa para la mayoría de países del mundo, a excepción de un puñado de territorios lejanos que no son destinos comunes como Rusia, Cambodia o Kenia. En nuestro continente, por ejemplo, Ecuador es una de las pocas naciones que no les exige visado a los isleños.

Más allá de los viajes de algunos disidentes insignias como la bloguera Yoani Sánchez, las Damas de Blanco o el popular Guillermo Fariñas, que seguramente saldrán por primera vez en su vida de la isla auspiciados por gobiernos extranjeros, la mayoría de cubanos seguirá atada a su tierra por las políticas de los hermanos Castro.

Entre pocas ventajas, lo positivo del cambio llegará por lo psicológico. Saber ahora que viajar es una posibilidad, por más compleja que sea, es un paso importante en Cuba, acostumbrada a las limitaciones y a las negativas. Sin embargo, no deben agradecerle por esto a la bondad de sus mandatarios. Al contrario, su flexibilización es el resultado del fracaso de sus políticas.