HISTÓRICO
La misionera que será santa
  • La misionera que será santa | Una foto de juventud. En el santuario de la Luz, de las misioneras de la Madre Laura, los fieles dejan placas como agradecimiento por los favores recibidos. FOTO ARCHIVO -MANUELA PALACIO
    La misionera que será santa | Una foto de juventud. En el santuario de la Luz, de las misioneras de la Madre Laura, los fieles dejan placas como agradecimiento por los favores recibidos. FOTO ARCHIVO -MANUELA PALACIO
Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO -NATALIA ESTEFANÍA BOTERO | Publicado el 20 de diciembre de 2012

Las calificaciones de la Madre Laura Montoya eran casi perfectas: 5 en todo, 2 en canto. Sin embargo, ella cantaba. "Era destemplada hasta no más, pero nos decía, cantar acompasadas o desacompasadas, pero siempre cantar", cuenta la hermana Estefanía, que la conoció cuando estaba joven. Ahora ya tiene 90 años y la recuerda como si no hubiera pasado tanto tiempo.

"Nunca se miró al espejo. En una ocasión encontró uno y se miró y dijo, ay, pero que es esto, un monstruo. Así la conocí yo, vieja, y claro, los viejos somos muy feos". Se ríe.

No se imaginó en esa época que tantos años después estaría en la mesa, leyendo unos papeles con anécdotas. Ayer había un motivo especial para recordar a la beata colombiana.

El papa Benedicto XVI aprobó el decreto por el que se reconoce un milagro en el que ella intercedió. Un paso más hacia su canonización.

"Son etapas que se van realizando. La de hoy es la autorización para la promulgación del decreto. Quedamos pendientes de la aprobación de la canonización, que sería en el consistorio a finales de febrero, donde se daría la firma del decreto y la fecha para canonizarla", explica la hermana Surama Ortiz, misionera de la Madre Laura y quien hizo parte del estudio.

Todavía, entonces, no es Santa, pero está a un paso. Comenta monseñor Ricardo Tobón, Arzobispo de Medellín: "No creo que se presente algún escollo final, pues el proceso ha sido muy bien hecho y una de las mayores dificultades que es probar científicamente el milagro, sucedió. En este momento hay mucha esperanza y nos llena de entusiasmo y alegría".

De todas maneras, los fieles y quienes conocen su labor, saben, como cuenta la hermana Estefanía, que si bien "para la congregación es un honor tener una santa, no es eso, es que la Madre era una santa".

Porque fue una mujer devota, muy luchadora por sus causas. Tuvo diferencias con el clero, por ser mujer. Una, que quería ir a zonas inhóspitas a entregar conocimiento. Era, expresa Roberto Ojalvo, director del Museo Municipal de Jericó, una señorita y, en ese entonces, las señoritas no podían salir a la calle sin sus papás. Ella se aventuró a ir a los pueblos, a la selva. "Fue sola, sin un apoyo distinto a la fe y muchas veces en contra de las mismas jerarquías. Es la primera persona no solo en Colombia sino en el mundo que le dio reconocimiento e identidad a los indígenas". Estaba más allá de su época.

Camino a ser santa
La investigación inició en 1963, cuando empezaron a recoger información y algunos fieles a señalar la importancia y la fe que le profesaban. Primero se convirtió en Sierva de Dios y el 25 de abril de 2004 en Beata, con el milagro de Herminia González.

"Este proceso ha llevado muchos años. Para la canonización se necesitaba un milagro, que cumpliera tres condiciones -añade la hermana Surama-: que sea instantáneo, perdurable y certificado".

Tres condiciones que estaban en el milagro del médico Carlos Eduardo Restrepo, en el año 2005, cuando tuvo una crisis de salud severa que, pensó incluso él, no tenía más salida que la muerte.

Ya se había despedido de sus amigos, no lo podían operar y el diagnóstico no era bueno: tenía una perforación en el esófago, acompañada de una infección en el mediastino, más una suma de hechos negativos como pocas defensas. "Le aplicaron los santos óleos el 12 de enero de 2005 y esa noche, sin contarnos, le oró a la Madre Laura", cuenta la mamá, Marta Garcés.

Carlos Eduardo, médico, que ya había dicho que se iba a morir, le pidió entonces que le ayudara a salir de esa y que ojalá fuera útil para ella. No le prometió nada. Ni misas, ni mercados a los más pobres, ni dejar de admirar las piernas de una modelo. "Sáqueme de esta y le prometo que llega a los altares -continúa la mamá-. Pienso que los dos se la jugaron toda".

El médico ganó ocho años de vida, le agradeció en el santuario y ahora, ya casi, ella se volverá santa. Su milagro fue aceptado, porque cumplió los requisitos. Después de orarle se recuperó en tiempo récord. "Es la forma en la que sucedieron los hechos lo que se tuvo en cuenta. Ella para mí es la abogada mía, porque los milagros los hace Dios y la Madre es la que intercede".

También tiene claro que no es dejar de hacer. Carlos Eduardo, en ningún momento, omitió un procedimiento médico indicado. Es el dicho, tan común: "ayúdate, que yo te ayudaré". No es dejar de cumplir como médico, pero "una cosa no aleja la otra".

La fe movió las montañas de Carlos y de la madre Laura. Ya falta poco. La fe está puesta en esa mujer que nació en Jericó en 1874, medía 1.63 cms, murió en Medellín en 1949 y que, después de la firma y la fecha, será la primera santa del país.