HISTÓRICO
LA MUJER... DE SUJETO A OBJETO
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    LA MUJER... DE SUJETO A OBJETO |
Por ÁNGELA MARULANDA | Publicado el 24 de agosto de 2013

La publicidad hoy no solo vende productos y servicios, vende éxito y popularidad, vende sexo y placer, vende valores e ideales… y también vende la dignidad femenina. Hoy por todas partes hay anuncios con imágenes de mujeres bellas en poses seductoras promoviendo la venta de toda suerte de productos o servicios.

Las investigaciones de la doctora Jean Kilbourne en la Universidad de Boston han corroborado los efectos tan destructivos que tienen tales propagandas porque establecen ideales de feminidad distorsionados y nos convierten en objetos para promocionar sus negocios. En sus documentales, ella demuestra cómo el uso de la figura femenina para tal propósito nos transforma en un símbolo erótico que solo beneficia a los fabricantes y comerciantes.

Mientras que hace unos años la feminidad estaba asociada con la ternura, el afecto, la devoción a la vida... hoy, gracias a como se explotan nuestros atractivos físicos en los medios, estamos cada vez más asociadas con la seducción y la vulgaridad que con el amor. Y así, no solo se nos degrada como personas sino que se desvirtúan los atributos y dones relacionados con lo exquisitamente femenino.

Así como es difícil tener buena salud en un ambiente tóxico respirando aire contaminado y comida basura, lo es crecer sanas e íntegras en uno culturalmente tóxico, rodeadas por imágenes femeninas provocativas y a menudo vulgares. Lo grave es que en esta forma se alimenta la creencia de que el valor de la mujer no está en nuestra calidad humana sino en mantener una apariencia juvenil y seductiva. De ahí la cantidad de procesos quirúrgicos a que recurrimos para lucir eternamente jóvenes y bellas.

La publicidad del mundo consumista ha llevado a que las mujeres pasemos de ser sujetos a ser objetos, no solo de placer sensual sino de uso comercial, que da lugar a que se deshumanice y denigre la dignidad femenina. Urge que nos cuestionemos, ¿por qué hemos permitido que nos midan en términos de centímetros y libras y no en términos de la misión tan valiosa que tenemos en la familia y la sociedad? ¿Por qué arriesgar nuestra salud por lucir bonitas para siempre, cuando nuestra verdadera belleza está en los dones y cualidades que nos hacen el centro vital de la humanidad?.