HISTÓRICO
LA NUEVA COLOMBIA
Por RUDOLF HOMMES

El Financial Times está promoviendo su nuevo libro sobre Colombia que tiene el mismo título de este artículo. Es muy bueno el capítulo de Malcolm Deas sobe nuestros expresidentes que me recordó el símil de los sillones viejos que usaba López para pelear con Carlos Lleras, y un comentario sobre el nuevo periodismo en Colombia que hace al respecto algunas preguntas útiles. El libro quiere mostrar que Colombia ha cambiado de piel y ha dejado atrás lo que no la dejaba progresar. Esto es cierto en parte pero todavía continúa arrastrando la piel que no ha dejado del todo.

Las recientes decisiones sobre el fallo de La Haya, por ejemplo, son un rompimiento con el pasado en el sentido de haber abandonado una visión absurda de las relaciones internacionales basada en las leyes y no en los intereses. Los países que acuden a las cortes internacionales para resolver conflictos con sus vecinos son generalmente los que no tienen nada que perder y sí mucho que ganar, como ha sido el caso de Nicaragua con su pretensión de convertir el Caribe colombiano en costa seca. Pero estas decisiones siguen presentándose como capítulos de la doctrina que nos ha llevado a habernos expuesto a perder soberanía en la región.

Acatar el fallo de la Corte de La Haya y sostener que no es aplicable es una salida muy inteligente, excepto si conduce a regresar a la misma corte para que aclare o amplíe el fallo. Negociar con Nicaragua un tratado para resolver el problema también es una buena idea, pero para no darle cumplimiento al fallo. Es por temor a que esto suceda que los habitantes del archipiélago de San Andrés y Providencia, aunque están más tranquilos, han sido parcos en su respaldo a estas decisiones. No tienen claro si a la hora de negociar con Nicaragua les van a consultar y van a tener en cuenta sus recomendaciones.

Los que no parecen interesados en pertenecer a un nuevo país son los políticos. Solamente les importa mantener vivo el clientelismo. Las figuras que supuestamente lideran la renovación del Partido Liberal quieren demostrar su compromiso con la democracia haciendo demagogia, rebajar el impuesto a la gasolina y mantener en bajo perfil su apoyo al proceso de paz, por el temor de perder los votos que prometen los que se oponen a la paz. Sigue aliado con los que han llevado a nuestro país al extremo de haber sido considerado inviable y limitan la capacidad del Estado de cumplir con las metas y compromisos sociales.

Uno de los nuevos ministros liberales ha llegado a ese cargo oponiéndose agresivamente a los aspectos de la política gubernamental que tienen el mayor potencial de hacer posible la política social como el impuesto a la gasolina, el nuevo régimen de regalías y la privatización de Isagén. Van a proliferar los ataques provenientes de aspirantes. El socio del gobierno que recomendó a ese ministro quiere estar seguro de que la Nueva Colombia no sea sino un aviso en la puerta del país de siempre. (Continúa).