HISTÓRICO
LA PAZ COMO CARTA POLITICA
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    LA PAZ COMO CARTA POLITICA |
Por FABIO VALENCIA COSSIO | Publicado el 03 de febrero de 2013

Creo en la posibilidad de una paz negociada. Considero el diálogo instrumento político idóneo para intentarla, pero no creo conveniente convertir el proceso en un escenario político electoral y no en política de Estado, como debe ser.

El Presidente Santos le apostó al proceso en La Habana toda la posibilidad de su reelección y se apoyó en sus nuevos mejores amigos, el eje socialista de izquierda latinoamericana, Venezuela y Cuba. Dos amigos de vieja data de las Farc-EP.

En varias ocasiones he venido haciendo algunas reflexiones a los puntos que considero negativos para lograr en el esquema planteado por el gobierno Santos, la anhelada paz de los colombianos.

El primer error es haberle dado, como se dice en el boxeo, un segundo aire político y militar a la guerrilla.

La comunidad internacional había ya catalogado a las Farc-EP como un grupo terrorista, vinculado al negocio del narcotráfico en todos sus eslabones y el gobierno del Presidente Uribe los diezmó de forma considerable en el campo militar.

Todo hacía pensar que el gobierno Santos, elegido con las propuestas de continuidad de la política de seguridad democrática, mantendría la presión y el combate frontal contra la guerrilla.

A pesar de su postura de no aceptar el cese el fuego bilateral propuesto por la guerrilla y ordenar la continuidad de las operaciones militares contra la insurgencia, los resultados han sido otros.

Las Farc, como era previsible, empezaron a interpretar a su antojo la hoja de ruta acordada y dieron sus propios alcances a la agenda convenida.

Lo mismo que ocurrió en el Caguán. Determinaron no volver a secuestrar y ahora vuelven a cometer el execrable delito contra dos humildes agentes de la policía, amén de los secuestrados civiles que mantienen en la selva.

Ofrecieron mantener discreción en las conversaciones y han vuelto, como lo hicieron en el Caguán, a utilizar la prensa internacional y colombiana para redimensionar su inmodificable cantaleta publicitaria marxista.

Da pena ver a un hombre del temple y seriedad de Humberto de la Calle vociferando en los medios, mientras sus interlocutores cambian a cada instante las reglas del juego, como ocurría también en la zona de despeje en Caquetá.

Santos le apostó a la paz para su reelección, como buen jugador de póquer. Tiene dos ases debajo de la manga en su gabinete: El ministro Pinzón dando moral a las tropas y cuestionando el proceso; y al ministro Vargas Lleras, en cómplice silencio, esperando el fracaso de las conversaciones para convertirse en la alternativa dura. Silencio este que le servirá para decir que nunca estuvo de acuerdo con las negociaciones.

Ahora el Gobierno, que nos prometió a los colombianos que habrá acuerdo de paz en seis meses, conmina a las Farc para pedirles que si no quieren pactar, no hagan perder tiempo. ¿El tiempo electoral?

Las Farc tienen en La Habana un libreto que no van a cambiar, como tampoco lo cambiaron en el Caguán y mientras tanto Santos juega a tres bandas.

¿Y de la suerte de Colombia, qué?.