HISTÓRICO
¿LA PAZ DE SANTOS Y LAS FARC? ¡FALSO!
  • ¿LA PAZ DE SANTOS Y LAS FARC? ¡FALSO… |
    ¿LA PAZ DE SANTOS Y LAS FARC? ¡FALSO… |
Por CARLOS ALBERTO GIRALDO | Publicado el 13 de abril de 2013

A Colombia parecen llegarle la hora y el reto de transitar el camino que traza el meridiano de su problema más hondo y polarizador: el de la solución del conflicto armado interno.

Pero antes de escribir cualquier cosa, lectores, hay que advertir lo siguiente: hablar de la guerra y la paz, hoy, está peligrosamente envenenado por una bronca que no nos corresponde resolver a quienes no votamos por Juan Manuel Santos. Yo, por ejemplo, voté por Antanas Mockus. Se trata de que muchos uribistas que esperaban más guerra, sin asomo de posibilidades de diálogo, quieren lapidar a Santos. Esa es una reyerta, por una "traición" entre dos programas de gobierno, entre dos gemelos astrales y sus seguidores, ya divididos por un rayo de odios, que no nos corresponde al 75 por ciento de los colombianos. Así que no planteo esta reflexión en favor de Santos ni de las Farc ni tampoco en contra de Uribe. Lo hago apegado a mis convicciones más humanistas y democráticas para apoyar, para respaldar una salida negociada a este conflicto que nos atomiza y que a todos nos roba algo.

Quiero, en esencia, controvertir algunos mitos instalados entre la opinión pública sin ningún fundamento:

Se dice, así, sin más argumentos, que el Gobierno negocia a espaldas del pueblo y les está regalando el país a las Farc. No creo que personas tan probas y experimentadas, y tan conscientes de su enorme responsabilidad, como Humberto De la Calle, Luis Carlos Villegas y el general Jorge Enrique Mora, se estén dejando manosear de la guerrilla y pactando medidas que vayan a desbaratar el país. Se ha repetido hasta la saciedad: el modelo constitucional e institucional de la nación no se discute ni se negocia.

Se dice, así, sin más argumentos, que a la guerrilla ya se le concedió total impunidad. Las partes aún no terminan el tema de tierras, entonces mucho menos se ha hablado de víctimas, verdad, justicia, castigo y reparación.

A los civiles nos choca que guerrilleros con las manos manchadas de sangre y narcotráfico vayan al Congreso. Pero habrá que diseñar mecanismos de participación política para que, precisamente, ese grupo armado y esos que hoy dan bala y emplean prácticas terroristas, a manera de contraestado, se incorporen a la legalidad y cumplan una práctica, una lucha y un discurso políticos. Si no, entonces, ¿por qué y para qué negociar en La Habana?

"Nada está acordado hasta que todo esté acordado". Será el pueblo, mediante una consulta popular, el que finalmente diga SI o NO a los acuerdos. Dejemos el miedo a la reconciliación y a la paz. Temamos a quienes nos quieren ver a los colombianos divididos, odiosos y sangrientos otro medio siglo y un montón de horas y de muertos más.