HISTÓRICO
LA PRISIÓN DEL DESPOTISMO
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    LA PRISIÓN DEL DESPOTISMO |
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ | Publicado el 29 de abril de 2013

El jueves pasado, en una pomposa ceremonia que reunió a los cuatro exmandatarios vivos de Estados Unidos, George W. Bush inauguró en Dallas, Texas, la biblioteca presidencial que llevará su nombre y que guarda, minuciosamente, la historia de cada uno de los días que gobernó al país más poderoso del mundo. Los ocho años de sus infames desastres.

Dispuestos con un orden meticuloso, que costó 250 millones de dólares, se observan monumentos a los caídos en el 11 de septiembre, videos de sus lamentables discursos sobre Irak y Afganistán, y millones de correos electrónicos que ponen en evidencia el proceso de sus decisiones tomadas: la atención tras el huracán Katrina, la inmigración, el sistema de salud o la crisis económica.

Y habrá un espacio, sin duda, para la enorme vergüenza que es su prisión de Guantánamo, en Cuba. Será algo formal, frío, que no refleje el enorme daño que supone un reclusorio en el que los derechos humanos se suspenden por artilugios políticos y en el que la tortura es aceptada.

Porque, dejémoslo claro. De la extensa lista de equivocaciones y arbitrariedades de la presidencia del delfín Bush, Guantánamo merece estar en el podio. Su construcción y mantenimiento es un escupitajo a la libertad que promulga Estados Unidos y aún significa un inmenso escollo para limpiar la imagen de petulancia de la potencia.

Es un lastre tan pesado, que el mismo Barack Obama anunció con algarabía su cierre y firmó su fin como primer decreto de su presidencia. Pero no ha podido. La política atraviesa un enorme laberinto en el que con mucha frecuenta se pierden los deseos de un hombre.

George Bush hijo la puso en un terreno abusado a Cuba y ahí sigue. No hay esperanza para los que entran en ella. Aunque Estados Unidos quiera deshacerse de sus reos nadie los recibe, pues tienen el apellido de Guantánamo y, sin siquiera un juicio, son considerados la última escala de la escoria humana.

Están desahuciados y ahora se están dejando morir. Creen que la única forma de salir del gigantesco calabozo es el ataúd. Desde hace tres meses, casi la mitad de los 166 reclusos entraron en una estricta huelga de hambre y aún no dan su brazo a torcer. Hay incluso cerca de 90 presos que tienen desde hace tres años el visto bueno para regresar a sus países, pero el proceso no ha hecho más que entorpecerse.

Guantánamo es un universo paralelo. Uno creado para no respetar normas ni procesos, erigido por un hombre que deterioró al mundo y a sus libertades desde sus ocho años de ejercicio. Ese hombre ahora tiene una biblioteca, como 13 de sus predecesores, y en ella descansarán en la frialdad de las cifras los horrores de una prisión que es el fiel retrato del despotismo.