HISTÓRICO
LA PROTESTA CAFETERA Y CACAOTERA
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    LA PROTESTA CAFETERA Y CACAOTERA |
Por ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ | Publicado el 02 de marzo de 2013

La protesta social de los cafeteros se mantiene y a ella se han sumado, en Santander, los productores de cacao de San Vicente y El Carmen de Chucurí. Infortunadamente se han dado hechos de violencia que no se pueden aceptar, pero más allá de esto lo real es que hay una expresión social de protesta de miles de familias campesinas que consideran que las políticas del Gobierno no les han apoyado y que las circunstancias del mercado internacional vienen golpeando su rentabilidad y sus ingresos.

La situación de los cafeteros es muy especial. El café fue durante la mayor parte del siglo XX el producto central de la economía colombiana -la Federación Nacional de Cafeteros fue el grupo de interés de mayor influencia en la política económica- hasta los años 80 del siglo pasado, en que comenzó a ser desplazado por el petróleo, el carbón y demás exportaciones mineras. Por lo tanto, alrededor del café se creó una institucionalidad muy importante representada por los Comités de Cafeteros -nacional, departamentales-, la Federación, el Fondo Nacional del Café, una estructura de precios de sustentación y políticas de apoyo por parte del gremio y del Estado. Pero el café es en lo fundamental un producto para exportación y por lo tanto depende en buena medida del precio internacional -sus subidas, conocidas en el pasado como ‘bonanzas’, o sus bajadas-. Lo cierto es que las medidas de fondo para los caficultores no pueden dejar de lado el análisis de los costos de producción -especialmente en relación con Vietnam, el principal productor actual en el mundo-, la productividad de las variedades sembradas, la estructura actual del mercado mundial -no olvidemos que el culto a los TLC y al mercado per se no siempre es lo mejor-, la revaluación del peso colombiano y especialmente la pertinencia de la actual institucionalidad cafetera colombiana.

Es difícil para los cafeteros aceptar que ya no son el eje de la economía colombiana, lo que no significa que el Estado deba abandonarlos, sino darles un importante apoyo a partir de analizar estas nuevas realidades.

En el caso de los cacaoteros, sin tener el peso del café en la economía colombiana, son miles de familias productoras que igualmente están siendo afectados en sus ingresos por el precio de su producto y sienten que el Gobierno no ha formulado opciones de apoyo serias.

En la democracia colombiana existe una tendencia, a ver toda manifestación de protesta social como algo subversivo. Esto ha llevado a que muchos colombianos no entiendan que la protesta social es un derecho ciudadano legítimo y vean por lo menos con sospecha una marcha de estudiantes, una huelga de trabajadores, una movilización de indígenas y en fin, cualquier expresión del descontento social. Lo cual ha permitido a los distintos gobiernos acusar a todo movimiento de protesta social de ser una manifestación de la subversión o por lo menos de los llamados ‘intereses oscuros’ y en ocasiones, como sucedía con frecuencia en el gobierno anterior, acusarlos de colaboradores, aliados o por lo menos infiltrados por los terroristas. Esto deslegitima la protesta social y la marginaliza o le crea el ambiente social que justifique su tratamiento represivo.

Una tarea pendiente de nuestra democracia es que aprendamos todos, ciudadanos del común, partidos políticos, medios de comunicación y gobernantes, que la protesta social es una manifestación legítima del descontento social, una especie de oposición social extra-congresional, y que mientras no se haga uso de la violencia debe respetarse.

Igualmente, que deben escucharse sus demandas y crearse escenarios de diálogo social. Esa es la manera en que los gobernantes realmente pueden construir una gobernabilidad democrática.