HISTÓRICO
La Reina vuelve esta noche
  • La Reina vuelve esta noche |
    La Reina vuelve esta noche |
Por LAURA B. CASTRO CÁRDENAS JUAN DAVID MONTOYA | Publicado el 28 de noviembre de 2012

Una jornada de emociones. Desde las primeras horas de la mañana, cuando los fanáticos empezaron a llegar a los alrededores del Atanasio Girardot. luego la espera, las filas, las puertas cerradas...

El secreto se rompió pasadas las 5:00 de la tarde, cuando la propia Reina del Pop subió al escenario y cantó un par de canciones durante la prueba de sonido para los afortunados que se ganaron un espacio en el llamado Triángulo de Oro... y luego, el silencio.

A las 8:30 p.m., con media hora de retraso, el dj Paul Oakenfold salió al escenario y prendió la noche. Compartió escenario con Monte Pittman, el guitarrista de Madonna y emocionó a los asistentes que colmaron las localidades del Atanasio. A las 9:45 terminó su show y, de nuevo, el silencio...

A las 11:00 p.m., una hora después de lo anunciado, doblaron las campanas. Con un incensario gigante volando sobre sus cabezas, los seis monjes de esta ceremonia profana, calzando tacones, abrieron las puertas de un templo coronado por una cruz brillante, una cruz que como Medellín está marcada por las letras M D N A.

En un confesionario que en los últimos seis meses ha sobrevolado Tel Aviv, Abu Dhabi, Roma, Moscú, Nueva York, Las Vegas, Ciudad México y medio centenar más de ciudades, Madonna aterrizó en Colombia para declararse pecadora.

Como su séquito también lo es, el concierto número 79 de la gira mundial más prolongada que haya emprendido esta mujer, que le ha dado la vuelta al globo incontables veces, arrancó con una invitación a enloquecer.

Girl gone wild, de su último trabajo discográfico, fue el sencillo que abrió un show descomunal, ambicioso, un espectáculo musical y teatral, que deja por fuera muy pocas de las artes conocidas; un espectáculo que solo podría salir de la potencia creativa de un ícono de la cultura occidental.

Un juego audiovisual nunca antes visto en estas latitudes, una historia contada desde el punto de vista de "los chicos buenos y los malos" -según declaró la artista a raíz de la controversial utilización de armas de fuego de utilería-, las coreografías y el slackline, un montaje descomunal, un público leal y agradecido, la música de cuatro generaciones que esperaron treinta años para ver a la reina.

No fueron pocos quienes siguieron al pie de la letra el guión de un show pensado como una transición, el viaje de un alma que va de la oscuridad a la luz.