HISTÓRICO
LA RELIGIÓN NO PUEDE SER MOTIVO DE ODIO
  • LA RELIGIÓN NO PUEDE SER MOTIVO DE ODIO
Por CARMEN ELENA VILLA BETANCOURTH | Publicado el 26 de agosto de 2013

Resultan estremecedoras las noticias e imágenes de lo que ha ocurrido en Egipto en los últimos días. El brutal desalojo de los campamentos islamistas ocurrido el pasado 14 de agosto que le costó la vida a más de 200 musulmanes y la posterior represalia de parte del partido de los Hermanos Musulmanes -que para nada representan el islamismo en su totalidad- y que ha costado la vida a decenas de cristianos y ha propiciado la quema de unas 80 iglesias y monasterios entre ortodoxos coptos, católicos y protestantes, resulta una contradicción entre el mensaje de fe y caridad que profesan ambos credos.

En Egipto, la mayoría musulmana y la minoría cristiana están sufriendo las consecuencias de una insana mezcla entre la religión y la política que despierta la ira de los fundamentalistas, quienes consideran necesario imponer su régimen a costa de la libertad e incluso del derecho a la vida de quienes, con sus creencias, se convierten supuestamente en un obstáculo para el desarrollo y la identidad del Estado.

La religión debe ser siempre instrumento de paz y nunca de guerra, en la que cada fiel entienda que la práctica elemental es la caridad, de donde brotan el respeto y la libertad. Son muchos los ejemplos de obras y congregaciones que hacen concreta la caridad y de personas que reflejan en sus propias vidas la dicha de encontrarse con el amor de Dios.

Cuando la fe se vive de manera auténtica en la que no se mezclan los propios intereses, se hace propicia la práctica de la libertad religiosa, un tema que han enfatizado mucho los últimos pontífices, especialmente desde Pablo VI y al cual Benedicto XVI, en su exhortación apostólica post sinodal Ecclesia in Medio Oriente, publicada en septiembre de 2012, la llamó “la cima de todas las libertades”, porque hunde sus raíces en la dignidad de la persona.

La libertad religiosa se puede lograr cuando se superan las falsas antinomias de laicidad, que en nombre del pluralismo que
quiere acallar todo lo que tenga que ver con la fe porque la considera como un peligro para el Estado, y el fundamentalismo violento, donde el hombre cree ponerse en el lugar de Dios y condenar, incluso a muerte, a quien profese una creencia diferente a la propia.

El hoy Papa emérito propuso una sana laicidad que libere “a la religión del peso de la política” y enriquezca “la política con las aportaciones de la religión”.

En medio de las noticias sangrientas que nos llegan de ese lado del planeta pude ver en un portal una foto conmovedora de una cadena humana de musulmanes que se daban la mano para proteger una iglesia cristiana y dejar que sus compatriotas asistieran a sus celebraciones litúrgicas sin el riesgo de ser asesinados. Esta es una muestra de que, aún en tiempos de guerra, hay quienes entienden que la caridad es el lazo que debe unir a los hermanos de diferentes credos y que la diversidad cultural que presenta Oriente Medio debe enriquecer a sus habitantes en lugar de incitarlos a un fundamentalismo enceguecido.