HISTÓRICO
La responsabilidad social
  • Héctor Arango Gaviria | Héctor Arango Gaviria
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Héctor Arango Gaviria* | Publicado el 27 de octubre de 2010

Las exigencias del mundo globalizado y de la competitividad que permitan a las naciones ubicarse y mantenerse dentro de los flujos de los mercados mundiales, demandan hoy la participación tanto del empresariado, como del Estado y de la sociedad en todos sus estamentos e integrantes.

Tomar parte activa en el desarrollo como se entiende hoy, es la mayor empresa social que un pueblo puede acometer, puesto que ello significa calidad de vida para todos los miembros de la sociedad.

El Icontec, desde hace 47 años, ha ejercido una decidida y constante participación en la vida nacional, como socio activo en todos los procesos de crecimiento organizacional y de internacionalización de los diferentes sectores en pro del desarrollo armónico de los sectores productivo y social del país.

De ahí su interés por la responsabilidad social, asunto al que le ha dedicado tiempo y esfuerzos en los últimos años, con notables resultados en cuanto a la creación de una cultura empresarial que interiorice y adopte esta práctica.

En esta dirección vale la pena destacar la formación integral de los equipos directivos que se hace cada día más necesaria, ya que el mundo busca empresas y empresarios que entiendan y vivan el lenguaje de lo social, de lo laboral, del medio ambiente y del gobierno corporativo.

No se puede olvidar que las organizaciones son el fiel reflejo de las personas que las integran. No se puede separar la calidad de las organizaciones de la vida íntegra y testimonial de quienes las dirigen.

Más aún, los directivos y líderes son los responsables de la orientación y desarrollo de sus comunidades; son, además, mirados como modelos por la misma sociedad y ejercen una enorme influencia sobre las nuevas generaciones.

Por otra parte, también hay que relievar que la inserción empresarial en la comunidad y en la vida política del país genera crecimiento y desarrollo.

Las empresas se nutren de la comunidad y de ahí su obligación de actuar como células vivas de la sociedad con derechos y deberes.

Y es aquí donde aparece, justamente, el tema de la responsabilidad social que no es algo que surge después de obtener unos buenos resultados económicos, sino que se da en la medida en que se entiende esa inserción en la comunidad como una fuente de responsabilidades frente a ella y de posibilidades para la misma organización.

Por eso ella deriva de unas firmes convicciones éticas que requieren de una nueva mentalidad, incluso la de entender que la ética no siempre aumenta la rentabilidad económica y que, fielmente profesada, implicará estar convencidos de que hay cosas que no se pueden hacer y que la legitimidad de los resultados económicos también depende de la manera como se obtienen.

La transformación ética y cultural que requerimos del empresariado para construir la sociedad que soñamos, solo es posible si decidimos hacer nuestra propia transformación, desde el interior del corazón de cada uno de nosotros.

Discernimiento llama el Centro de Fe y Culturas a este proceso, siguiendo la espiritualidad ignaciana.

Autorreflexión, vuelta sobre sí, viaje al interior de sí mismo son conceptos expresivos de esta realidad: no se logra ningún cambio exterior si antes no se da un cambio en el interior de cada quien. No habrá responsabilidad social empresarial ni corporativa si no hay responsabilidad social personal. Es decir, compromiso con la propia dignidad, con la libertad responsable y el amor generoso, con la vida vivida en conciencia y autenticidad.

* Miembro del Centro de Fe y Culturas.