HISTÓRICO
LA SOBREPRODUCCIÓN DE ABOGADOS
  • LA SOBREPRODUCCIÓN DE ABOGADOS
Por HERNÁN GONZÁLEZ RODRÍGUEZ | Publicado el 16 de diciembre de 2013

Un profesor de la Universidad de Connecticut, Peter Turchin, publicó un libro llamado “War and Peace and War: The Rise and Fall of Empires”, en el cual presenta 30 indicadores para explicar las causas de la desestabilización de sociedades como los imperios romano, chino, francés, inglés, español y muchos otros.
 
Sus indicadores vaticinan el comienzo del fin de la sociedad estadounidense. Entre ellos destaca tres para un artículo publicado por Bloomberg View, base de esta nota. El estancamiento de los ingresos y la creciente desigualdad están parpadeando en rojo. Otro síntoma menos familiar de esta decadencia es la “sobreproducción de abogados”.
 
Entre 1970 y 2011, de acuerdo con la Asociación de Abogados de Estados Unidos, el número de sus miembros se ha triplicado, al pasar de 400.000 a 1.200.000, en tanto que la población les creció solamente el 45%. Estiman que ante esta Asociación presentan y pasan el examen el doble de los abogados que pueden conseguir un puesto de trabajo. Las escuelas de derecho presentan una sobreproducción de 25.000 abogados por año.
 
Las oleadas de inestabilidad política –afirma Turchin- como el final de Roma, las guerras religiosas de Francia o la guerra civil de Estados Unidos, presentan muchísimas causas y circunstancias que son inherentes de sus tiempos. Pero en todas ellas emerge una causa común: la sobreproducción de élite. Los otros dos elementos característicos son la declinación de los estándares de vida de la población en general y el endeudamiento de los gobiernos.
 
“Finalizar la esclavitud en la Guerra Civil de los Americanos no fue la razón de tal derramamiento de sangre, la razón de fondo fue el enfrentamiento de las élites, que en la terminología actual se traduce como exceso de abogados. Sin embargo, hay esperanza, las catástrofes no son inevitables. Algunas sociedades adoptan una serie de reformas sensatas, iniciadas por élites que entienden que todos estamos en el mismo bote”.
 
En el artículo citado también se menciona la desorientación de numerosos jóvenes estadounidenses que, en lugar de orientarse por carreras con demanda, con futuro, como las ingenierías, se dedican a las relaciones públicas, a las artes, a la historia, a la sociología, importantes todas ellas, pero con escasas oportunidades. Los sistemas educativos de los países tienen obligación de orientar los estudios de sus jóvenes. Los alemanes nos dan cátedra.
 
En Colombia tenemos algunos problemas similares. Para comenzar, no podemos soslayar las “universidades de garaje” que diploman abogados incompetentes a granel. Así como sostiene Truchin que los abogados están destruyendo el tejido de las sociedad estadounidense, en Colombia ya lo tienen totalmente destruido. Nuestros sistemas Judicial y Educativo son mulas echadas en la vía del progreso de Colombia.
 
Los hijos de las élites en Colombia asfixian el escenario político. Los tenemos en la Presidencia, en el Congreso, en los ministerios, en las embajadas, en las jefaturas de los partidos políticos y hasta en la cárcel. La lista va siendo interminable: santos, lópez, lleras, gómez, galán, samper, gavirias, pastranas, serpas, morenos… Y mientras más contendores nos surjan por herencia, más que por sus capacidades, más difícil se tornará para Colombia evitar un descalabro en manos de dichos delfines.