HISTÓRICO
LA SOLUCIÓN NO ES DESERTAR
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    LA SOLUCIÓN NO ES DESERTAR |
Por ÁNGELA MARULANDA | Publicado el 14 de septiembre de 2013

Hay muchas razones (¿o disculpas?) que están llevando a que cada día se acaben más matrimonios y una de las más frecuentes es que uno de los cónyuges "necesite encontrarse a sí mismo" y decida desertar el hogar. Parece que ahora muchas crisis matrimoniales tienen su origen en una crisis de identidad del hombre o de la mujer y, yo pensaría, que con frecuencia de ambos.

Estas crisis, cada vez más usuales, son fomentadas ante todo por la vida "light" que promueve la cultura materialista, y que es una vida que se alimenta de sensaciones triviales, se guía por valores consumistas y se rige por una moral "neutral" que acoge todo lo que nos haga sentir a gusto. Por eso lo que a menudo prevalece es la falta de firmeza en nuestras convicciones y de respeto a nuestros compromisos afectivos.

Aunque el deseo de darle sentido a una existencia que no lo tiene es una necesidad real para muchos, la solución no es acabar con el matrimonio y la estabilidad del hogar para "encontrarse a sí mismo." A uno mismo no se le encuentra en la cama de otra persona y por eso desertar a la familia no es una solución sino una medida egoísta que perjudica a nuestros hijos y, en última instancia, a nosotros mismos, porque son las relaciones con los seres que más amamos las que nos dan una buena razón para vivir, luchar, trabajar y superar cualquier dificultad.

De tal manera que la solución para vencer los vacíos afectivos o los problemas conyugales que nos atormenten en un momento dado no es huir del hogar que formamos, sino hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para conciliar nuestras diferencias y enriquecer nuestra relación de pareja. La mejor forma de lograrlo es dedicarnos a cultivar el amor conyugal con tanto entusiasmo y determinación que podamos superar las dificultades que irremediablemente surgen en la vida matrimonial. Es eso lo que nos permitirá encontrar dentro de las cuatro paredes de nuestra casa la satisfacción que buscamos fuera y tener esa familia estable que sea una buena escuela en la que los hijos aprendan todo lo que precisan para construir una vida matrimonial estable y feliz.