HISTÓRICO
Las 7 vidas de Víctor Carranza
Juan Carlos Monroy G. | Publicado el 28 de agosto de 2010
La mención de su nombre genera rechazo o admiración. Para ex fiscales que lo investigaron y llevaron a la cárcel e investigadores del conflicto, Víctor Carranza Niño no sólo es el "zar de las esmeraldas", sino uno de los señores de la guerra en Colombia y un gestor del paramilitarismo. Para otros, es un empresario y un conciliador.

Hace 15 días, mientras Carranza se movía en helicóptero o en vehículos blindados con su séquito de escoltas bien armados entre sus empresas y minas en Boyacá y Meta, su nombre volvía a sonar en despachos judiciales como supuesto aliado de las Auc.

El viernes 13 de agosto, en versión conjunta los ex jefes paramilitares Daniel Rendón Herrera, alias "Mario"; Élkin Casarrubia, alias "el Cura"; Dúmar Guerrero, alias "Carecuchillo" y Manuel Pirabán, alias "Jorge Pirata", declararon ante la fiscal Quinta de Justicia y Paz, Elba Beatriz Silva Vargas, que Carranza ayudó con su poder y dinero a conformar grupos paramilitares en Meta y Vichada.

Además, que hombres a su mando, conocidos como "los Carranceros", participaron junto a paramilitares enviados por Carlos y Vicente Castaño en masacres como la de Mapiripán, donde asesinaron unas 60 personas en julio de 1997.

"Vicente nos dijo que 'Guillermo Torres' (José Baldomero Linares, ex jefe de las Auc de Meta y Vichada) era el contacto en Meta, que manejaba a "los Carrancerros", pero el que lo financiaba era Víctor Carranza", aseguró alias "el Cura", quien confesó que lideró a 'paras' de Urabá para cometer la masacre.

Alias "Mario" dijo que Carranza sí dirigía a "los Carranceros" y relató que en una avioneta de propiedad del esmeraldero, "la Rebeca", transportaban cocaína y también paramilitares heridos en combates con la guerrilla. Pero ninguno de los ex paramilitares declaró que recibieron órdenes directas de Carranza.

Ante los señalamientos, la fiscal Silva ordenó compulsar copias para que la Fiscalía investigue la veracidad de esa nueva información.

En noviembre del año pasado, tanto Daniel Rendón como su hermano, Freddy Rendón, alias "el Alemán", ya habían señalado a Carranza de conformar autodefensas en los Llanos Orientales y en Boyacá. Carranza lo negó, como lo ha hecho en los últimos 20 años.

Aunque reconoce que se reunió con jefes paramilitares como alias "Mario", Carranza dijo en una entrevista a El Espectador que "cuando me buscaron para ver si estaba de acuerdo con ellos les dije que no y me declararon objetivo militar".

En Boyacá, son muchas las personas que no creen en esas acusaciones y, por el contrario, ven en Carranza a un benefactor de la región. "Para nosotros es un conciliador, eje del proceso de paz entre esmeralderos para poner fin a esa guerra que tantas muertes dejó. Es un empresario que ha generado empleo", afirma Luis Fernando Díaz, concejal del municipio de Muzo.

Se refiere al proceso de paz que lideró la Iglesia Católica y que según monseñor Héctor Gutiérrez Pabón, hoy obispo de Engativá, "ayudó a consolidar Carranza conciliando a los esmeralderos en conflicto y sus familias". El pacto se suscribió en 1990, en la sede de su empresa Tecminas, en Muzo.

Viejos líos judiciales
No es la primera vez que acusan a Carranza de aliarse con los paramilitares. En 1993 la Fiscalía lo investigó por enriquecimiento ilícito y conformación de autodefensas. En 1997 un fiscal de Barranquilla le dictó orden de captura por presunta conformación de grupos de justicia privada. Y en 1998 fue encarcelado hasta 2001, acusado del secuestro y asesinato del contador y otro empleado (Roberto Prieto y Édgar Hernández) del narcotraficante Leonidas Vargas. En 2004 el Tribunal de Bogotá lo absolvió.

Para uno de los fiscales de ese caso, Virgilio Hernández, hoy ex funcionario, "fue un proceso anormal". Y agrega que "había pruebas que demostraban que Carranza conformó grupos paramilitares. Pero salí del país amenazado y al volver lo habían absuelto. Eso fue en el periodo de Luis Camilo Osorio en la Fiscalía".

Pero antes, Carranza ya había sobrevivido a la denominada "guerra verde", que lo enfrentó con otros esmeralderos en la década de los 70 y 80.

Ni siquiera el narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, alias "el Mexicano", quien desató una nueva "guerra verde" a finales de los años 80, pudo arrebatarle su título de "zar de las esmeraldas", tras sobrevivir a ataques y un atentado contra su empresa Tecminas en Bogotá, en 1989.

Mientras sus enemigos morían, como Gacha o Yesid Nieto, Carranza se consolidó como empresario, uno de los mayores exportadores de esmeraldas del país y un ganadero. Se ha codeado con políticos, empresarios y según ha relatado el propio Carranza, ha asesorado empresas mineras extranjeras y tiene proyectos para asociarse con una.

Pero su capacidad para escapar a la muerte ya es un mito. En marzo de este año y en julio de 2009 se salvó de dos atentados de película que le hicieron en carreteras del Meta, en los que atacaron los vehículos con fusiles, granadas y rockets. Tres de sus escoltas murieron, mientras Carranza, disparando su arma a los 74 años, sobrevivió una vez más.