HISTÓRICO
Las mazmorras de Farc, una pesadilla
  • Estas imágenes le dieron la vuelta al mundo en el gobierno de Pastrana.
    Estas imágenes le dieron la vuelta al mundo en el gobierno de Pastrana.

  • Las prisiones guerrilleras, además de duras agregan la tortura de la selva.
Colprensa, Bogotá
Las condiciones infrahumanas en las que tiene la guerrilla de las Farc a los secuestrados no son nuevas para los colombianos. Ahora el presidente de la República las comparó con las registradas en los campos de concentración nazis.

El suboficial John Frank Pinchao le contó el jueves en la noche al país cómo para dormir lo encadenaban por el cuello a su compañero y en los días más duros los dejaban las 24 horas en esas condiciones. Esta fue una sola de las "torturas" que afrontó durante más de ocho años.

Algunos relatos de periodistas y familiares (que prefieren no ser nombrados) de ex secuestrados evidencian que además de sobrevivir a las largas caminatas, aguantaban hambre y debían soportar todo esto junto con los dolores de las enfermedades que los invaden en la selva.

En la mayoría de los casos los campamentos son improvisados, duermen en el suelo y cuando se puede (casi nunca) se tapan con plásticos. La comida, cuando la hay (solo arroz y granos), se cocina sin sal, las bebidas sin azúcar. La capacidad de percibir sabores y olores se pierde con el pasar de los años.

Solo en contadas ocasiones el tiempo les alcanza para poner tablones en las ramas de los árboles para alejarse de serpientes y otros animales.

Los castigos que los "guardianes" imponen a los retenidos son símbolos de crueldad.

Uno de los más duros es el conocido como "el entierro". Abren un hueco en la tierra de un metro con 90 centímetros, y allí meten al secuestrado de pie, después lo tapan con palos y hojas durante varias horas. Esta medida también suelen utilizarla en caso de un operativo militar para ocultar a los retenidos.

Cuando los secuestrados son picados por un mosquito llamado Lutzomia, padecen leishmaniasis cutánea, una herida que provoca un daño en la piel parecido a la lepra.

Los alzados en armas le sacan la bala a un cartucho 7.62 y le echan la pólvora a la herida, luego la prenden con un fósforo. Para ellos es una forma de curar la enfermedad, pero los secuestrados saben que es castigo: el dolor es tan intenso que induce al desmayo del "paciente".

Tras su secuestro, el ahora ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Araújo, relató cómo lo amarraban a un palo con una cuerda de cuatro metros. Le dejaban un radio de desplazamiento muy reducido.

Hace un par de años la guerrilla de las Farc reveló un video en el que se mostraba cómo mantenían a los policías y soldados rodeados de alambres de púa. En ese pequeño espacio en el que permanecían día y noche ni siquiera les permitían salir a hacer sus necesidades básicas y debían aguantar el olor de sus excrementos.

Según Herbin Hoyos Medina, del programa Las voces del secuestro, de Caracol Radio, lo más duro para ellos es que les quiten los radios y los individualicen en los campamentos: los alejan unos de otros, "no los dejan ni hacer ruidos y los enloquecen con el silencio porque ni siquiera les permiten a los guerrilleros hablarles", relata.

Hoyos asegura que este hecho es tan duro que algunos llegan a negociar que les quiten la comida con tal de que los dejen conocer noticias del mundo exterior.

Después de soportar las lluvias, pasar por los pantanos y de caminar por largas horas hasta que la ropa se seca y los pies se llenan de llagas, la humedad produce larvas que invaden las piernas. En los hombres los gusanos de dos centímetros que se reproducen se alojan en las entrepiernas cerca de los testículos y en las axilas. Pese a esto las jornadas no paran hasta llegar a un nuevo campamento, lo que tarda dos o más semanas.

En el mejor de los casos los guerrilleros cargan pastas para el dolor, pero cuando son intensos los operativos militares y les bloquean lo que ellos llaman "insumos", sobreviven sin cepillo de dientes, lo que produce gingivitis (algunos pierden los dientes).

Las mujeres sin toallas higiénicas, sin bañarse, con la misma ropa por meses y con las dolencias de las enfermedades selváticas, lo que en la ciudad llevaría a un paciente a ser internado de inmediato en urgencias.

Las extremidades inferiores son las que más molestias causan ya que los guerrilleros les entregan botas, que ya han sido utilizadas. Por las largas horas de camino los hongos que se contagian les comen y les pelan la piel hasta sangrar, pese a esto no reciben medicamentos.

Algunos secuestrados gastan su tiempo escribiendo un diario personal. Pero otros conservan un libro o una revista que releen hasta aprendérselos y repetirlos en su soledad.

Los pocos accesorios que tienen son básicos, imágenes religiosas y fotos de sus familiares que aunque son un recuerdo también reviven la pesadilla.