HISTÓRICO
Las pequeñas herencias del año viejo
Jorge Giraldo Ramírez | Publicado el 11 de enero de 2009
Los balances de año deben ser incluso más antiguos que el calendario gregoriano. Por mi parte la tradición se remonta Crescencio Salcedo y su canción "El año viejo", al recuerdo de su gigantesca figura negra en función de digno vendedor de flautas en Junín a finales de los años sesenta, a la pena presente por un artista asaltado en sus derechos y olvidado que necesita una retribución.

No parece que hacer balances hubiese servido especialmente para evitar errores, acumular aciertos o estimular la generosidad. Para multiplicar agravios, incubar rencores y prolongar viejos pleitos los hemos usado bastante. Habría que aprender de Crescencio el agradecido por su mula y su nueva suegra. Sobre todo habría que tenerlo en cuenta ahora que se avecinan tiempos inciertos.

Dejemos a un lado los recuentos heroicos y las evaluaciones de periodo. Ahora quiero recordar las pequeñas herencias espirituales del 2008. Las obras del pensamiento y del sentimiento o al menos aquellas que se tradujeron en objetos. No las mejores, simplemente algunas obras significativas.

En teoría social tal vez el tema que empieza a ocupar un lugar central en los debates occidentales es el que tiene que ver con las relaciones entre política, sociedad y religión. Al país llegó el último libro de Jürgen Habermas traducido al castellano ("Entre naturalismo y religión") que sigue la cada vez menos sugerente tradición secular moderna. En los Estados Unidos salió "A Secular Age", una obra monumental de Charles Taylor que promete mucho más y que no debería tardar mucho en aparecer en nuestro idioma.

En cuanto a obras literarias, encuentro tres dignas de mención. La "Carta a D." de André Gorz es el testamento de un amor de medio siglo que termina a los ochenta años del mismo modo que terminaron Romeo y Julieta. "La carretera" de Cormac McCarthy es una novela dura y oscura acerca de una época posapocalíptica que quizás nos haga entender que siempre somos ciegos ante los buenos tiempos. Entre los colombianos, Enrique Serrano nos ofreció "El hombre de diamante" como recreación de la vida de Orígenes y reflexión sobre la importancia de asumir posturas débiles, conscientes de las posibilidades de equivocarse y refractarias al fanatismo.

Por el lado musical todo parece indicar que el 2008 no pasará a la historia, excepto para Juanes y con él para Colombia. En el rock hubo poco más que "Third", el esperado disco de Portishead, y "Modern Guilt" de Beck. Mientras la farándula latinoamericana se encandilaba con Julieta Venegas Lila Downs publicaba "Ojo de culebra", un álbum bastante bueno y muy superior a lo que ofrece su compatriota. Allí se incluye "Justicia", una canción que con sólo 18 palabras hace una letra preciosa.

A lo mejor, dentro de un tiempo, alguna de estas u otra se convierta en una obra memorable.