HISTÓRICO
Las regiones y su voz por la paz
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
    ILUSTRACIÓN MORPHART
Editorial | Publicado el 18 de agosto de 2013

Entre más simplificado en actores y escenarios esté el diálogo con la guerrilla, para terminar el conflicto armado, mejor. Igual debe preservarse la bilateralidad exclusiva Gobierno-Farc. Pero de la mesa en Cuba se desprenden numerosos problemas y necesidades regionales y locales. Y es entonces cuando los gobernadores advierten que son claves para articular, en el futuro, los resultados de una negociación política en La Habana con lo que deberá hacerse en cada departamento con los grupos de desmovilizados.

La cumbre realizada en Antioquia por los mandatarios seccionales, además de promover reflexiones puntuales sobre las conversaciones con las Farc, abrió las puertas para los escenarios departamentales de acción en caso de prosperar la terminación de la guerra interna. Negociar concierne al Gobierno central, pero la paz, a todos.

Saltaron de inmediato dos líneas prioritarias: mejorar la comunicación actual con las partes en la mesa, en especial con el Gobierno Nacional. Y se vislumbró la gran inversión social que deberá hacer el Ejecutivo para ponerle dientes a la tarea de absorción y adaptación social de miles de desmovilizados en sus zonas habituales de presencia armada ilegal.

El gobernador de Caquetá, Víctor Ramírez, advirtió por ejemplo que en su departamento está cerca del 57 por ciento de los miembros de las Farc. "Son 6.000 guerrilleros armados y 12.000 milicianos. (...) Si no hay conversaciones con los departamentos no vamos a tener en cuenta problemas como las próximas bacrim conformadas por guerrilleros desmovilizados; también se necesita inversión".

Su colega de Norte de Santander, Édgar de Jesús Díaz, quien afronta conflictos como el del Catatumbo, advirtió que de nada vale firmar la paz si no se atacan la desigualdad y el abandono estatal. "No concebimos que en 80 años en los que se han explorado y explotado por parte del Estado los minerales y el petróleo, lamentablemente en esas zonas estén los índices de pobreza más altos".

Son estas mismas contradicciones, entre riquezas regionales y orfandad ciudadana, las que llevan a los gobernadores a apoyar irrestrictamente el proceso de diálogo con las Farc. Son ellos, junto a sus comunidades, los que sufren los embates del conflicto armado y sus efectos: los desplazados, la depresión del campo, los daños materiales, la inseguridad... y lo que es el deseo firme de las víctimas de que haya justicia y reparación, sin impunidad, pero también con integración social y sanación de las profundas cicatrices que dejaría cesar un conflicto de más de 50 años.

Aquí encajan las solicitudes del gobernador del Tolima, Luis Carlos Delgado: "Por eso reclamamos autonomía territorial, que la descentralización nos lleve a una gran autonomía financiera. (...) La paz es la actitud de un Gobierno frente a una comunidad anhelante".

Es comprensible la importancia de que los aportes de los gobernadores, sus críticas y debates no vulneren la autonomía del proceso en Cuba. Pero es sustancial, al tiempo, que estas voces se inserten en el espíritu amplio y democrático que debe acompañar la reparación futura de los daños que acarrea el conflicto en las regiones.

Creemos, muy al estilo del pensamiento del campesino, que nadie conoce mejor los resabios de una mula que su arriero. Asimismo, los gobernadores son grandes expertos a la hora de interpretar los reclamos sentidos de la gente, en un país de regiones diversas y complejas. Se dijo en la cumbre: "sabemos poco del posconflicto y para eso estamos aquí". Manos a la obra.