HISTÓRICO
LAS TRES MUJERES DE HOLLANDE
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    LAS TRES MUJERES DE HOLLANDE |
Por HUMBERTO MONTERO | Publicado el 20 de enero de 2014

En Europa tenemos una manía ancestral: somos rematadamente liberales de cintura para abajo con independencia del color político o del rigor moral que defendamos de cintura para arriba. Sólo así se entiende que al 77 % de los franceses les traiga absolutamente al pairo que su jefe deEstado tenga una amante mientras su novia oficial, la periodista Valérie Trierweiler, ejerce de primera dama. El escándalo del affaire del presidente galo con la hermosa actriz de 41 años Julie Gayet, desvelado por la popular revista «Closer» –propiedad de Silvio Berlusconi y especializada en escarbar en las cloacas–, ha despertado más interés fuera de casa que en Francia. Por si no están al tanto, les pongo en antecedentes. El socialista François Hollande, de 59 años, el hombre con más poder en el hexágono republicano, rompió con la también bella líder socialista Ségolenè Royal, madre de sus cuatro hijos y pareja durante 25 años, en 2007 tras una turbulenta relación marcada por la desmedida ambición política de ambos. A finales de la década de 1980, Royal y Hollande se convirtieron en la pareja presidencial, joven y brillante del Partido Socialista. En 1988, Royal se convertía en diputada y cuatro años después ya era ministra del Gobierno. Era la estrella de rock del circo político francés. Por contra, Hollande tenía que conformarse con un asiento en la Asamblea Nacional por una olvidada región de granjeros y fabricantes de mermelada. Entonces apareció en sus vidas Valérie Trierweiler, una atractiva reportera del «Paris Match» capaz de que todos los políticos sin excepción abrieran huecos en sus agendas para almorzar con ella. Trierweiler cortejó a la pareja para ganársela como fuente de información. Sin demasiados problemas logró entrar en su círculo y compartir veladas y confidencias en los mejores restaurantes de París. En 1990, la intimidad entre Hollande y la joven reportera fue en aumento. Trierweiler comenzó a acompañar al hoy presidente galo en todos sus viajes políticos. Arranca entonces un triángulo amoroso con tintes de culebrón en el que los celos se desatan. Los choques entre las dos mujeres de Hollande fueron en aumento y todo estalló. Hollande oficializó su relación con la periodista. Tras enfrentarse en las primarias socialistas, en las que Strauss-Kahn tuvo que abandonar tras el escándalo de su presunta violación de una camarera en el hotel Sofitel de Nueva York, Hollande se convirtió en el primer presidente no casado de la historia. Valérie se negó rotundamente a dejar su trabajo de periodista en "Paris Match", pero aceptó un despacho en el Elíseo.

Mientras instalaba a su pareja en palacio, Hollande iniciaba su relación con Julie Gayet. Se veían en un pisito próximo a la residencia del presidente al que Hollande llegaba en moto y casi sin escolta. La infidelidad presidencial dio con Trierweiler en el hospital presa de un ataque de ansiedad y con el presidente sin saber muy bien si debe llevarse a la Casa Blanca a su nueva novia el 11 de febrero.

La cuestión no quita el sueño a nadie en Europa, pero las cosas serían muy distintas en otras latitudes. ¿Se imaginan una cazada similar al presidente Obama, ahora que los rumores sobre su crisis matrimonial con Michelle van en aumento? En EE. UU. el presidente se vería forzado a dimitir por algo que atañe únicamente a su vida privada.

Habrá quien defienda que no se puede confiar el mando de una nación a alguien capaz de traicionar a su pareja, pero a mí todo eso me resulta puro cinismo. ¿Qué nos importa la inclinación sexual del tipo que nos arregla el coche? ¿Es relevante que al presidente de un banco le de por disfrazarse de drag queen todas las noches aunque luego cumpla con su trabajo al 100%? ¿Podemos confiar nuestras vidas al piloto de un Airbus con esposa en Miami, amante en Beirut y amiga a bordo?

Lo que ocurre en nuestras alcobas es algo íntimo y privado. El límite de lo que allí acontece lo determina la ley y nadie más.

Al fin y al cabo, como le dijo el veterano Joe E. Brown al travestido Jack Lemond en "Con faldas y a lo loco", nadie es perfecto.