HISTÓRICO
LAS VÍCTIMAS CON NOMBRE PROPIO
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    LAS VÍCTIMAS CON NOMBRE PROPIO |
Por ANA CRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE | Publicado el 06 de mayo de 2013

Unas 200 mujeres atiborran las tribunas del Concejo de Medellín. Visten camisetas amarillas y muchos de esos rostros están ajados por el tiempo y la angustia de los últimos años.

Son las Madres de la Candelaria que el 24 de abril acompañaron a Teresita Gaviria Urrego a recibir la distinción "Gran Defensor de los Derechos Humanos, Jesús María Valle Jaramillo".

A mi lado están sentadas las víctimas de este conflicto colombiano.

Mientras Teresita Gaviria hace un pequeño discurso, ellas, sus compañeras de sufrimiento, están sentadas en la tribuna con los ojos llorosos.

A una la veo recogerse los labios entre los dientes, como si llorar allí, en el recinto del Concejo, no fuera bien visto. Otra, al tiempo que con una mano se seca las lágrimas, con la otra levanta persistentemente un cartel que dice "Ayúdenos a encontrarla" y exhibe la foto de una joven adolescente. En ese momento su única esperanza es que las cámaras de televisión muestren el aviso.

Más tarde me entero de que se llama Marta Inés Pérez Pérez, y desde hace más de dos años busca a su hija Íngrid Meneses Pérez, desaparecida en Yarumal el 29 de noviembre de 2010, a los 15 años de edad.

Asegura que por denunciar la desaparición de su hija fue amenazada y se tuvo que venir para Medellín.

Por el hecho hay un detenido "pero no dice nada", susurra y se esfuerza para no desbaratarse en llanto. Aquí en Medellín unas hermanas que trabajan en casas de familia le ayudan económicamente. Ya denunció el caso ante la Fiscalía, en Derechos Humanos, en Caracol y RCN y mediante unos volantes, de los que recibo uno. Teresita Gaviria le llevó el caso a la Personería de Medellín.

La otra señora me pide no publicar su nombre porque tiene miedo. Hace 6 años y 5 meses desapareció su hija Marta Lucía de 17 años y la versión es que el jefe de un grupo armado se enamoró de ella y se la llevó.

Esta madre, sin lágrimas pero con ojos secos y chiquitos me asegura "no sé si está entre los vivos o entre los muertos". Y ella, por reclamar la verdad sobre su hija, ha sido desplazada 3 veces: una de Frontino y dos en Medellín.

Estas historias, resumidas en dos párrafos, son las mismas de miles y miles de colombianos que, para la magnitud del sufrimiento, el desgaste y las pérdidas morales y materiales, poca atención han recibido. ¡Qué deuda moral la que tiene Colombia… Como nación, ¿seremos capaces de reparar y compensar a las víctimas?.