HISTÓRICO
LAS VIEJAS PALABRAS
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Por SAMUEL ARANGO M. | Publicado el 03 de febrero de 2013

Cuando mi hijo me dijo sin ningún recato que esa muchacha era una chimba, yo me paralicé. Tardé varios segundos para preguntarle con voz temblorosa qué quería decir. Él me explicó que era una uva, una bacana, una sobrada, una queridura, una chimba. Para mí la palabrita era sinónimo de órgano sexual femenino, lo que aclara cómo me pareció la muchacha de la que me hablaba. Otra vez me escandalicé cuando mi sobrinita de cinco años me dijo sonriente: Corre ese culo para allá. Acababa de llegar de vivir dos años en España.

Las palabras cambian con el tiempo y con el espacio, no hay duda. Por eso me dediqué un rato a recordar aquellas palabras que escuché de mis padres, mis abuelas, mis tías, cuando yo era apenas un cocacolo piernipeludo (pelao) y cusumbosolo (tímido).

Mi abuela Emiliana, mamabuela, era muy alcahueta (permisiva) y me enseñó a fumar cuando me pedía que le prendiera las calillitas (cigarrillos). Yo era muy acomedido (dócil) y le obedecía con malicia, aunque era también muy flatulento (pedorro), mal de familia. Los domingos los hombres vestíamos el cachaco (vestido de paño, con saco) para ir a misa y las mujeres sacaban la cachirula (manto para la cabeza). Tenía un primo que era muy embarnecido (acuerpado) pero tenía escorbuto (piorrea) y niguas por lo que se volvió un atembao (abobado). Tenía una novia mañé (ordinaria), niguamona (arreglada con excesos) y era de verdad una caranga resucitada (venida de menos a más), según decían las tías. Otro de mis primos era un chinche (niño necio) aterrador que se lucía (la cagaba) con todas las visitas. Una vez que llegó de la costa, allá le chantaron el flús (le pegaron una gripa, catarro o constipado) que lo puso muy enfermo. Otro de mis primos sobresalía por ser desmedrado (flaco) y patirrajao (metido o sopero o curioso), pero a mí me caía mal porque se mantenía colmeneando (sacándose mocos) desde que lo cristianaron (bautizaron). Un amigo era un completo cirolo (apendejado) y melindroso (llorón) pero buena persona, que milagrosamente llegó a ser un tegua (improvisado) veintejuliero (orador político).

Las cosas de las mujeres eran tratadas con el máximo secreto y pudor. Cuando iban al baño iban a evacuar o a dar del cuerpo. Si una de ellas estaba enferma era que tenía la regla o el período o la menstruación. Cuando una mujer estaba embarazada se decía que estaba en estado interesante y si iba a caer a la cama era porque estaba próxima a parir (parto).

Son detalles curiosos que harán que algunos piensen que soy un tal por cual, pero que indican que la palabras son la cárcel del pensamiento y que son relativas.