HISTÓRICO
LATINOAMÉRICA PROTESTANTE
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    LATINOAMÉRICA PROTESTANTE |
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ | Publicado el 24 de junio de 2013

El pueblo latinoamericano está cansado. Se siente abusado, violado, burlado, ultrajado.

Las manifestaciones multitudinarias en las calles de Brasil, que continúan a pesar de la mano tendida de la presidenta Dilma Rousseff y de la disminución en los precios del transporte (chispa iniciadora de la protesta), son un grito desesperado de un continente que se siente en un camino de progreso a marchas forzadas que no arropa a la clase más baja, es decir, a la inmensa mayoría porcentual de la población suramericana.

¿Cómo es que no nos habíamos levantado antes?, indagan los jóvenes en Brasil. ¿Cómo es que nuestras marchas no tienen los mismos efectos?, se cuestionan los mexicanos. ¿Cómo es que no nos hemos levantado aún?, nos preguntamos en Colombia.

Lo que está ocurriendo en Brasil es el reflejo de un sentimiento continental. Es la cacerola que suena más duro en este grito hemisférico que ha visto réplicas en México, en Chile, en Venezuela o en Argentina. Cada parte, sin excepción, reniega de una élite gubernamental ladrona y de unas economías que, a pesar del cacareado crecimiento, son incapaces de permear a las clases menos favorecidas.

Las injusticias flotan en el aire con una pesadez de plomo. Amenazas al pensamiento contrario en Venezuela, mordazas a la prensa libre en Ecuador, educación impagable en Chile, inflación desbordada en Argentina o senadores colombianos con sueldos cercanos a los 20 millones de pesos mensuales que no leen las normas que promulgan.

Que Latinoamérica no se haya levantado aún con la fuerza de otras latitudes mientras los abusadores se mantienen campantes, eligiéndose y reeligiéndose con prebendas y ante la pasividad ciudadana, es toda una incógnita cultural. Es el resultado de un servilismo en contravía, en el que los ciudadanos obedecemos a políticos que deberían estar sirviéndonos a nosotros.

Brasil nos despliega desde hace dos semanas y sin ambigüedades un ejemplo por seguir. Es una foto envidiable, juvenil, fresca y sin ligazones partidistas. Pacíficas en su mayoría, las arengas en portugués que retumban en las grandes capitales del coloso son una invitación a exigir respeto y ética gubernamental. No son únicamente por el precio de un tiquete de bus, no son por un mundial de fútbol abusivo y no son por un exclusivo político ladrón.

Son porque, tras dos siglos de nuestras independencias como colonias, la guerra libertaria que no hemos podido ganar es contra nosotros mismos. Porque han sido pocos los que pretenden acabar con el panorama costumbrista de que el robo al progreso es un monstruo de mil cabezas imposible de vencer.

Acabarlo es un trabajo dispendioso, de más derrotas que triunfos, pero Brasil nos enseña que por algo hay que empezar. Hace falta una chispa.