HISTÓRICO
LEFEBVRE, ¿CISMA O POLÍTICA?
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    LEFEBVRE, ¿CISMA O POLÍTICA? |
Por ERNESTO OCHOA | Publicado el 21 de junio de 2013

En la sección "Un día como hoy" del pasado 17 de junio de este periódico (y sea la ocasión para una grata recordación de su creador, ya fallecido, el amigo Darío Valenzuela, de quien su hija mantiene esa herencia periodística) se lee la noticia del rompimiento del arzobispo Marcel Lefebvre con el Vaticano hace 25 años, al anunciar que iba a consagrar cuatro obispos sin autorización de Roma. Fue el comienzo del cisma post conciliar que escindió a la Iglesia católica en el siglo pasado.

Como me encontraba con el padre Nicanor, mi tío, cuando leímos la nota, le pregunté qué opinaba de la iglesia lefebvrista. Me miró con cierta tristeza.

- Ya ha corrido bastante agua bajo el puente, muchacho. Lefebvre fue excomulgado por Juan Pablo II y murió en 1991. Ya bajo el pontificado de Benedicto XVI se levantó la excomunión a los obispos consagrados ilícitamente y ha habido acercamientos con la curia romana, gracias a los buenos oficios del cardenal colombiano Darío Castrillón. Como tantos otros cismas, también este no pasará de ser un episodio doloroso que pudo ser evitado. Pero esa es la historia de la Iglesia, hijo mío.

- En Colombia, padre, donde supongo también hay presencia de los lefebvristas, el obispo rebelde se ha mencionado en los últimos días por obra y gracia de las intransigencias del procurador Alejandro Ordóñez, de quien ha dicho la prensa que en su juventud militó en el movimiento ultramontano "Tradición, Familia y Propiedad", y ha sido simpatizante al menos, si no adepto, de la organización del arzobispo francés.

- Pues no son, hijo mío, muy honrosas credenciales para quien se ufana de representar la integridad del catolicismo. Con tales antecedentes, no deberían comulgar con ruedas de molino los creyentes que creen que el procurador Ordóñez es una voz válida de la moral católica.

- ¿Eso piensa, tío?

- Yo me pregunto qué hay detrás el cisma de Marcel Lefebvre, oloroso a incienso y a liturgia vieja, cargado de latines y ritos añejos, de cantos gregorianos, de dalmáticas, capas pluviales, casullas antiguas, simbolizando la hostigosa nostalgia que mantiene a sus adeptos apegados a la tradición y al pasado.

-Blanco es, gallina lo pone, padre. Lo que se esconde detrás es una posición política: el integrismo.

-Exacto. El cisma lefebvrista fue y es una extraña mezcla de orgullo francés, rebeldía clerical y fanatismo camuflado de espiritualidad, que viste con piel de oveja el lobo de una actitud política bien definida: ese integrismo que abandera el obstinado tradicionalismo, germen de tantos cismas en la historia de la Iglesia.

- En resumen, padre, lo que hay detrás del cisma de Lefebvre, y por deducción o contagio, en muchos de sus simpatizantes o seguidores, es una derecha fanatizada. Con incienso y todo.

-Que es tan peligrosa, valga decirlo, como una izquierda fanatizada con olor a pólvora y a armas disparadas.