HISTÓRICO
López se jodió a Colombia
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López se jodió a ColombiaPor
Diego Fernando Gómez Sánchez

Alfonso López fue la persona más influyente en el último medio siglo en Colombia. Cincuenta años que fueron de profundos desaciertos, en los que el país se mantuvo en el subdesarrollo mientras naciones en situaciones iniciales más desfavorables dieron el salto al desarrollo en el mismo periodo. Años en que se cometieron los más grandes errores, ?y López estaba allí.

Dentro de las investigaciones sobre procesos de transformación social dirigidas a realizar ejercicios de prospectiva para el país, con Colciencias y Planeación Nacional, se han encontrado cuatro dinámicas que son determinantes para explicar tanto lo ocurrido en las últimas décadas como lo que será el futuro del país. Estas son: el rentismo, la transparencia de la democracia, el narcotráfico y la acción de la sociedad ante la violencia. López actuó en cada una de ellas en la peor dirección posible.

El problema central del subdesarrollo es la escasa capacidad de generar suficientes empresas de alto valor e insertadas en los mercados mundiales. En un reciente trabajo de Hausmann y el CID de Harvard sobre Colombia, se muestra la escasa capacidad de aprendizaje y empresarismo del país. Más que empresarismo lo que Colombia ha tenido son estructuras rentistas que derivan sus utilidades de la capacidad de intervención del Estado en favor de grupos de interés. Se configura lo que Charles Tilly llamó "el Estado como forma de crimen". La intervención de López sobre el tema inicia de manera temprana y estelar con el caso de la Haendel. Siguió toda su vida con su papel de "amigo" de los grupos económicos. Fue en la década de los setenta cuando casi desapareció el muy democrático mercado accionario que había tenido el país y se consolidaron los grandes monopolios y su oscura influencia en la política. Cómo no recordar el caso de Michelsen Uribe, la cercanía de López con el grupo Santo Domingo y sus "buenos oficios" o lobby para empresas multinacionales.

Dudo que la democracia haya mejorado en transparencia y eficiencia con la influencia de López. Es célebre su frase "la política se hace con los políticos". Con ella validó la corrupción y el clientelismo que las fuerzas renovadoras del Nuevo Liberalismo querían cambiar y sus desplantes con Galán fueron antológicos. La frase y los hechos posteriores condenaron al liberalismo a ser el partido de los clientelistas. Eso, unido a la indefinición ideológica a la que condujo al partido, de ser "liberal" y a la vez pretender ser "socialista", generó el curioso mix de "socialchambonismo" que tiene a la colectividad en el peor momento de la historia. Patético escuchar las declaraciones de César Gaviria diciendo que se había ido el "gran ideólogo liberal". López casi acabó con el Partido Liberal. Además, nada más antiliberal que el rentismo y pocas cosas más opuestas al socialismo que el beneficio del Estado a los grupos poderosos.

El tercer proceso y que es el mayor problema que enfrenta el país, es el narcotráfico con las estructuras de crimen y violencia que genera. De hecho, más que paramilitarismo lo que hemos tenido son ejércitos de narcotraficantes defendiendo cultivos, laboratorios y propiedades. Lo peor de López estuvo allí? En la campaña a la presidencia del año 82 recibió dineros de Pablo Escobar y admitió su permanencia en las listas liberales al Congreso, unas semanas después de que Luis Carlos Galán valientemente lo había expulsado del Nuevo Liberalismo en un discurso en el Parque de Berrío. Luego se reunió con ellos en varias ocasiones, incluso en Bogotá y luego de que ya se habían activado las estructuras paramilitares. Después Samper, su más cercano líder liberal haría lo mismo al recibir dinero de los narcotraficantes, lo que desencadenó la peor crisis política y económica del país. ¿Cuántos muertos, pobreza y atraso nos ha costado todo esto?

En el tema de la posición contra la violencia política López tampoco fue nunca claro. Su posición fue sinuosa y alcahueta con la violencia, pues hizo parte de la "elegancia del Chico" pensar que se es de avanzada si se veía a los guerrilleros como unos muchachitos románticos. Si en los sesenta esto tuvo algo de cierto, a partir de los setenta ya no tenía nada de real. En el momento que el país tenía que asumir una posición contra la violencia como instrumento político él tomó la decisión de desactivar la campaña de Anorí y "dejar pasar" a los líderes del Eln camino a Cuba. Ahora, con el intercambio humanitario sí observaba nuevamente esa posición que sumió al país en décadas de guerra. López, más que un hombre de principios, fue un hombre de intereses, pero sobre todo personales.