HISTÓRICO
Los dilemas de Obama
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
    ILUSTRACIÓN MORPHART
EL COLOMBIANO | Publicado el 07 de septiembre de 2013

Barack Obama solo tiene por ahora, como única carta de presentación, el respaldo que logró de diez potencias regionales, integrantes del G-20 y del G-8, para decretar la hora cero y emprender una nueva campaña militar en Siria, que es, además, parte de ese complejo y convulso escenario llamado Oriente Medio.

El presidente de Estados Unidos enfrenta dilemas numerosos y profundos de cara a los reclamos que le hacen hoy amplios sectores de la opinión pública norteamericana e internacional por querer intervenir en ese conflicto. ¿Tiene sentido que la potencia militar del planeta desenfunde de nuevo sus pistolas y jale del gatillo?

Apenas el 42 por ciento de los estadounidenses, según la encuesta más reciente de la cadena NBC, respalda el uso de la fuerza contra el régimen sirio como castigo por haber empleado armas químicas en su lucha contra los rebeldes. La ciudadanía calcula, como pocas veces, las reacciones que podría desencadenar entre los musulmanes radicales y otras potencias, como Rusia e Irán, un ataque sin el consentimiento previo de Naciones Unidas.

El 11 de septiembre, otros episodios similares, y la permanente intranquilidad ante la amenaza del terrorismo ponen sobre los estadounidenses una sombra de preocupación difícil de borrar.

Para Barack Obama resulta tremendamente contradictorio pasar por encima del sentimiento popular y del rechazo mayoritario de los congresistas de su país, al tiempo que sería una desautorización histórica tener que tragarse sus palabras y dejar de lado sus sentencias a Bashar Al-Assad y al régimen sirio.

En su carpeta, Obama apenas cuenta con una lista de razones morales (de humanidad y seguridad mundial) para frenar el uso de armas químicas. Son argumentos que, para sus críticos, se antojan difusos y livianos ante las consecuencias que podrían devenir. Irán y Afganistán, operaciones alimentadas por el ímpetu guerrerista de los republicanos y desmontadas gradualmente por el mismo Obama, se interponen como la imagen más fresca que estimula el rechazo entre los norteamericanos, que tenían la idea de que su país pasaría un largo tiempo marginado de guerras extraterritoriales.

Esos mismos dilemas gravitan en torno incluso de emblemáticos funcionarios del gobierno de E.U. como John Kerry, Samantha Power y Susan Rice, vistos como pacifistas y progresistas. Ellos, a su manera, han advertido las consecuencias terribles de la guerra aunque la justifiquen como "recurso último con fines humanitarios".

Frente al cuadro terrible de 1.500 civiles "gaseados" en Siria, Obama y su equipo quieren ponerse del lado de aquel calificativo "de potencia irremplazable" que aplicará ahora su poderío militar para poner freno "a otra tiranía" y hacer valer aquella histórica grandeza moral de E.U.

A Obama, que este martes se dirigirá al pueblo por TV, solo lo acompaña una declaración conjunta con otras potencias, que reza: "este tipo de atrocidades no pueden repetirse nunca. Los que han perpetrado estos crímenes deben rendir cuentas. (...) El mundo no puede esperar a interminables y fallidos procesos que solo pueden conducir a un incremento del sufrimiento en Siria".

Habrá que ver si ello es suficiente para convencer a sus conciudadanos, y a la crítica internacional, de que Estados Unidos debe actuar de nuevo como gendarme del planeta.