HISTÓRICO
LOS DILEMAS DE SANTOS
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Por ÓSCAR TULIO LIZCANO | Publicado el 07 de septiembre de 2013

Es difícil abstenerse de opinar sobre la actual situación social y política del país. Los prolongados paros y el durísimo revés que recibió el presidente Santos en una reciente encuesta, en la que el 82 por ciento de los consultados cree que las cosas van empeorando, sin duda tendrán efectos colaterales en esa paz que tanto anhelamos.

No deja de ser preocupante que estos dos hechos sucedan cuando se está definiendo el tema de participación política de las Farc en la mesa de negociación. De acuerdo con la encuesta, un 60 por ciento de los colombianos consultados no está dispuesto en apoyar cualquier iniciativa que sacrifique la justicia para llegar a un acuerdo de paz. Seguramente esa poca favorabilidad será mayor una vez se someta el tema a la aprobación ciudadana mediante un referendo. El 78 por ciento de los 1.200 encuestados dijo no estar de acuerdo en la participación política de las Farc.

Parece ser que el presidente Santos, con la buena fe y su persistencia por la paz, se está quedando solo. Sería una frustración grande que el proceso fracase. Temas como la paz deben ser una política de Estado libre de los vericuetos como la incertidumbre de la reelección o las soterradas estrategias de la oposición.

No existe un apoyo claro de los gremios económicos, las instituciones militares, eclesiásticas y gubernamentales. Los propios congresistas soterradamente murmuran su poca credibilidad, es más, no pierden oportunidad para atacar el proceso. Son esos los verdaderos enemigos de la paz, personas que aunque cercanas, le son desleales al Presidente, con un perjuicio irreparable para el país, pues de no lograrse ahora, nunca se podrá hacer la paz en Colombia. Las Farc también están llamadas a revaluar rápidamente sus peticiones, pues "el palo no está para hacer cucharas".

También es preocupante que por el afán de apagar el incendio de los paros y buscar una solución mediática, el gobierno plantee apresuradamente acuerdos sobre asuntos que deben ser planificados con estricto cuidado. Hay una terrible frase popular: "si tu mujer te la está jugando con otro, la solución es vender el sofá". Diseñar políticas económicas a corto plazo, durante el acaloramiento social es un asunto riesgoso.

Santos sabe que los acuerdos a los que están llegando con los campesinos son una bomba de tiempo que sacudirá al país tarde que temprano. Es imposible que un descuido estructural, que se ha dejado de solucionar en décadas, no tenga daños colaterales. El sinsentido en todo esto es que, aunque lograron aplacar los ánimos, el presupuesto del agro para el próximo año es de 2 billones de pesos menos. Con ese dato se puede apreciar lo que representa este sector para quienes ejecutan estas políticas. Santos se rodeó muy mal y está pagando las consecuencias. Lo que parece no ver nadie, ni siquiera los promotores del paro, es que en el mismo proceso de paz hay una esperanza poderosa: Gobierno y Farc acordaron un primer punto que aparentemente cambiaría ese problema estructural del sector rural colombiano.

Pero si se analiza con cuidado el paro, que incidió en los resultados de la encuesta misma, es un golpe político y de percepción nacional que no sólo derrumba sobre la lona a Santos, sino también a esa esperanza que muchos tenemos: la paz.