HISTÓRICO
Los fantasmas de Venezuela
  • ILUSTRACIÓN MORPHART
    ILUSTRACIÓN MORPHART
EL COLOMBIANO | Publicado el 13 de abril de 2013

Los poco más de 19 millones de venezolanos habilitados para votar hoy en Venezuela resultan insuficientes para espantar tantos fantasmas y despejar tantas incertidumbres en el vecino país.

Fantasmas de todos los calibres. Empezando por el del fallecido Presidente Hugo Chávez, ahora mucho más presente que antes en estos comicios presidenciales, porque tanto Nicolás Maduro, el candidato del oficialismo, como Henrique Capriles, de la oposición, lo mantienen vivo como una sombra que se resiste a desaparecer.

En Colombia, los muertos votan, pero en Venezuela eligen Presidente. Y Chávez será el gran elector este domingo.

O bien para que los venezolanos elijan a Maduro como la reencarnación del fallecido Presidente; o a Capriles como el encargado de sepultarlo del todo.

Cualesquiera que sea la decisión en las urnas, los fantasmas seguirán gravitando sobre el futuro de todos los venezolanos.

Faltará tiempo para espantar no sólo el hálito celestial de Chávez, sino otros fenómenos más terrenales como la rampante inseguridad en las calles, el declive vertiginoso de la economía, los altos niveles de corrupción estatal, el desmonte de la inversión extranjera y los apetitos burocráticos de una élite política que durante la última década llenó sus bolsillos del principal producto del petróleo: los dólares.

Venezuela está hoy en un punto de no retorno y su futuro no pasa ni depende únicamente de unos comicios electorales, ya de por sí comprometidos en su transparencia e igualdad de condiciones, ante el abuso oficial de recursos económicos y medios de comunicación estatales.

Lo que vendrá para Venezuela en los próximos años es tan incierto como peligroso para el resto del Continente.

La estabilidad política que Chávez representaba, aún con sus desafueros, no la pueden garantizar ni Maduro ni Capriles. La polarización extrema a la que ha llegado Venezuela no se resuelve en las urnas.

Por el contrario, y dadas las proyecciones de las encuestas, es allí donde se pueden exacerbar tantas pasiones y desembocar en una reyerta social de impredecibles consecuencias.

El lenguaje de los agravios, las denuncias y las provocaciones han sepultado cualquier asomo de propuestas que permitan elegir para el futuro de Venezuela, hoy más que nunca anclada en los fantasmas del pasado.

Colombia también compromete su futuro en estas elecciones, por más que queramos respetar la autonomía de los vecinos. No es una cuestión de nombres, sino de programas. Y si los venezolanos no saben qué les proponen los dos candidatos, menos sabremos nosotros lo que nos espera de su elección.

No resultan suficientes los mensajes de hermandad que pasan de lado y lado de la frontera. Nuestra mutua dependencia comercial, política y social son tan fuertes que cualquier resultado en Venezuela tiene repercusiones en Colombia.

El futuro de los cucuteños, guajiros y araucanos, para hablar sólo del mapa fronterizo, pasa por Venezuela.

El proceso de paz con las Farc, así se adelante en La Habana, tiene una pata de la mesa puesta en Caracas. De ahí que este domingo no sea un domingo más. Es el día para que Venezuela defina su futuro, y con él, el de la región.