HISTÓRICO
Los Flórez y los Quintero están felices: estrenarán casa... ¡y gratis!
  • Los Flórez y los Quintero están felices: estrenarán casa... ¡y gratis… | A la izquierda, Carlos Quintero, su esposa, Liliana, y su hijo Juan Diego. A la derecha, Olga Guerra con sus hijos Arley y Daniela y su nieto Andrés. Todos, en sus nuevas casas. Fotos Donaldo Zuluaga y Juan Carlos Valencia Gil.
    Los Flórez y los Quintero están felices: estrenarán casa... ¡y gratis… | A la izquierda, Carlos Quintero, su esposa, Liliana, y su hijo Juan Diego. A la derecha, Olga Guerra con sus hijos Arley y Daniela y su nieto Andrés. Todos, en sus nuevas casas. Fotos Donaldo Zuluaga y Juan Carlos Valencia Gil.
POR JUAN CARLOS VALENCIA GIL | Publicado el 23 de febrero de 2013

A mediados de 2012 empezó a marchar el plan del Gobierno Nacional de regalarles casa a 100.000 familias del país.

Desde entonces pasaron postulaciones de municipios y departamentos, evaluaciones de lotes, obras y depuración de listados de desplazados, personas en situación de pobreza extrema, víctimas de desastres naturales o habitantes de zonas de alto riesgo geológico.

Comenzó febrero de 2013 y con él llegaron los sorteos con los que se eligieron las primeras 211 familias beneficiarias: 91 de Pradera y 120 de Yumbo, Valle del Cauca, que ya tienen en sus manos las escrituras de su inmueble.

Y la segunda entrega sucedió el pasado viernes en Medellín, cuando, en una calurosa tarde en el barrio La Cruz, 483 grupos familiares recibieron escrituras: 155 para vivir en Altos de La Cruz I, en esta misma zona de la comuna de Manrique, y 328 de Ciudad del Este, urbanización ubicada en Barrios de Jesús, comuna de Buenos Aires. De estas últimas, 131 están entre las 10.000 que le asignó el Gobierno a Medellín, y las otras 197 fueron financiadas por la Alcaldía.

Detrás de un asunto que parece solo de proyectos, papeles, trámites y cemento, aparecieron los felices rostros de los nuevos propietarios. Muchos de ellos, por primera vez dueños de una casa. Presentamos dos historias de familias favorecidas por el plan nacional.

Después de tanto dolor
"¿Dónde nos tocó?", pregunta Daniela al entrar a Ciudad del Este. "En el bloque 3B, apartamento 601", le responde su madre, Olga Cecilia Guerra Sepúlveda, mientras suben hacia su casa, la primera que tienen en la vida.

El pasado martes, tras el sorteo, supieron que vivirán allí. "De la alegría, todos lloramos; hasta la cogestora", cuenta Arley, otro de los seis hijos de Olga. Se refiere a la funcionaria del programa Medellín Solidaria que los acompaña en su condición de desplazados.

Olga es del barrio Machado, de Copacabana. Cuando tenía nueve años, ella y su hermana Clara se fueron con su mamá para Chigorodó (Urabá). Allá conoció a Francisco Antonio Flórez Silva, con quien formó su hogar.

Vivían en la vereda Guapá León, de cuenta de tres hectáreas de plátano que tenían arrendadas. Trabajaban de 7:00 a.m. a 4:00 p.m. Cada ocho días sacaban producción y el resto del tiempo deshojaban las plataneras y les hacían mantenimiento.

"La vida era despejada, maravillosa", anota Olga. "Cuando todo se acabó, se volvió miedo".

Relata que a finales de los noventa llegaron guerrilla y paramilitares a la zona.

A Blanca Luz Torres, su hermana media, la mataron en Apartadó en el 2000. Trabajaba en un supermercado de Chigorodó. De ahí la tristeza de Olga cuando recuerda los rumores que decían que su hermana era de las Farc. "¡Ni riesgos…", exclama.

En esos años, "entraban a las casas y ubicaban a los hombres en un lado y a las mujeres en el otro".

Hasta que en 2003 un grupo armado - no detalla cuál - les ordenó que dejaran la vereda.

"Salimos casi que con lo que teníamos puesto. En un camión de los que sacaba los plátanos nos vinimos las cuatro familias".

Como no tenían a dónde llegar en Medellín, una de ellas les dio posada en Moravia. Pagaron arriendo en Manrique y Golondrinas, comuna de Villa Hermosa, y ahora lo hacen en el sector El Pacífico, del barrio Trece de Noviembre, en la misma comuna, extremo oriental de la ciudad.

Olga es ama de casa y Francisco vende mazamorra. Del negocio entran 200.000 pesos mensuales. Además, sus hijos mayores se la rebuscan cargando material de construcción.

Lo único que tuvieron que pagar para recibir las escrituras de su casa en Barrios de Jesús fueron 84.000 pesos en una notaría para los documentos que acreditan que viven en unión libre.

La señora espera que en junio, cuando estén listas las obras de urbanismo en Ciudad del Este, puedan estrenar la vivienda. Por ahora, después de varias negativas, por fin un taxista acepta subir a El Pacífico.

Para evitar una tragedia
Liliana Tangarife y su esposo, Carlos Quintero, también viven con zozobra, aunque no por las organizaciones armadas, sino por el temor de que a su casa, ubicada en el barrio Bello Oriente, comuna de Manrique, se la lleve un deslizamiento.

El inmueble se los dejó el papá de Liliana y, además de que en la parte de atrás hay una piedra gigante que amenaza con destruirlo, tiene una humedad que está acabando con las paredes, que son de tabla.

Por eso, en enero el Instituto Social de Vivienda y Hábitat de Medellín (Isvimed) les notificó que estaban en el listado de opcionados para quedarse con uno de los 155 apartamentos de Altos de La Cruz I.

Desde entonces, ellos y sus hijos, Paulina, de ocho años, y Juan Diego, de seis, esperaron la noticia de los elegidos.

La ansiedad terminó el pasado jueves, cuando el sorteo determinó que ellos habitarán la nueva edificación. Además, les asignaron el apartamento 401 del bloque 3A.

Liliana dice que no ven la hora del trasteo porque en la vieja casa de madera no tienen tranquilidad.

"Allá hay una sola pieza en la que dormimos todos. En cambio la nueva es espectacular y tiene tres, entonces los niños van a tener alcoba propia", expresa esta mujer de 29 años.

La unidad residencial está terminada y, según Diego Restrepo Isaza, director del Isvimed, la irán ocupando gradualmente. Primero llegarán quienes necesiten el cambio de manera más urgente. Adicionalmente, falta que los beneficiarios acaben de asistir a las capacitaciones del programa Vecinos y amigos, del instituto, que enseña sobre vida en propiedad horizontal y fomenta la autogestión de los edificios mediante los seis locales comerciales de la urbanización.

Liliana es ama de casa y Carlos, obrero de la construcción. Tienen dificultades económicas, pero se esforzarán por decorar la nueva casa. "Vamos a enchaparla con cerámica y a ponerle cajoneras a la cocina", afirma ella y calcula que la estrenarán en un mes.