HISTÓRICO
Los meros machos también lloran
  • Los meros machos también lloran | Fotoilustración, EL COLOMBIANO | Algunos mariachis sostienen que los delincuentes les cobran cinco mil pesos semanales. La imagen es una simulación con personas ajenas a la información.
    Los meros machos también lloran | Fotoilustración, EL COLOMBIANO | Algunos mariachis sostienen que los delincuentes les cobran cinco mil pesos semanales. La imagen es una simulación con personas ajenas a la información.
EL COLOMBIANO | Publicado el 27 de agosto de 2011

Tras recibir siete disparos en su casa, en La Iguaná, e impulsado solo por las ganas de vivir, Jacob* caminó cuatro cuadras hasta llegar al sector Caballo Blanco, en la calle Colombia con la carrera 70. Eran las 8:00 de la noche de un viernes y en esa famosa esquina había unas 150 personas, compañeros y colegas suyos, mariachis todos.

Isaac*, uno de ellos, recuerda que aquel muerto viviente venía bañado en sangre y, al terminar su viacrucis, se desplomó. Sus colegas lo recogieron y en un taxi lo trasladaron a Policlínica donde, milagrosamente, se salvó, aunque quedó parapléjico.

Ni los mariachis se escapan en el sórdido entorno de las "vacunas" del Valle de Aburrá. Y 2008 es clave para entender su caso, porque ese año los empezaron a extorsionar, los amenazaron por no pagar y, con el episodio de Jacob, les demostraron lo seria que era la actitud de los criminales.

Plaza de vicio
El problema allí no es nuevo, según los testimonios recogidos en el sector e informes de las autoridades. Desde finales de los ochenta, en esta zona del barrio Estadio, y sobre todo en la calle 51 con carrera 70, funciona una plaza de vicio en la que venden basuco, marihuana y cocaína. En sus orígenes y hasta 2008 la dominó el combo "los Travolta", que terminó con tres miembros presos y el jefe asesinado en Bogotá.

Con la extinción de esta banda apareció el combo de "Carlos Pesebre". Fuentes del Gaula de la IV Brigada del Ejército señalan que este hombre, cuyo nombre real es Freyner Alfonso Ramírez García, controla el 95 por ciento de los grupos delincuenciales de la comuna 13 y algunas zonas cercanas al barrio Estadio.

Según un investigador, entre 30 y 40 combos están bajo el mando de este sujeto que es del ala de Éricson Vargas, alias "Sebastián", cabecilla de "la Oficina".

Pero no solo "vacunan" a los mariachis. Este funcionario cuenta que los comerciantes de la zona e incluso de puntos distantes, como Colombia con la carrera 80, también son sus víctimas y, en el fondo, dijo, sí subyace una plaza de vicio, pues allí las autoridades han encontrado grandes cantidades de alucinógenos.

Cambios de la mafia
Qué paradoja: los tiempos del auge del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria fueron los mejores para estos especialistas de la ranchera. Por una serenata que costaba 80 mil pesos, un mafioso les podía pagar cinco o diez veces más. Había trago y transporte y derroche.

En cambio ahora la mafia les quita. Cuentan los artistas que el Día de la Madre, cada mariachi tuvo que pagarles 150 mil pesos a "los muchachos". Es decir que, sumando los 20 grupos que en un día bueno se agolpan en Caballo Blanco, los pillos se fueron con tres millones de pesos.

Esto, sin contar la "vacuna" por peleas entre los músicos. Sí, como si fueran la legítima autoridad de la zona, "los muchachos" "multan" con 300, 500 o hasta 800 mil pesos a los artistas que armen desorden en la calle.

Quienes frecuentan el lugar explican que este procedimiento de los delincuentes se debe a que les molesta que se altere la calma, pues no les conviene que llegue la Policía y descubra lo que esconden.

Además, entre los artistas hay prestamistas del modo pagadiario y deben cancelar, cada mes, cien mil pesos. Es por ello que uno de los músicos confiesa, cabizbajo, que su trabajo ya no le da para sostener a su familia. Los hijos y la mujer le ayudan.

En la carrera 70 con San Juan, miembros de tres tríos de música colombiana afirmaron que ni a ellos ni a los vallenateros les cobran "vacuna". Sin embargo, reconocieron que han oído hablar del drama de la mariachada y temen que les pase lo mismo.

Miedo
El Gaula de la Policía Metropolitana sostiene que no ha recibido ninguna denuncia sobre extorsiones a grupos musicales.

Por su parte, el Gaula de la IV Brigada afirma que no cuenta con denuncias formales, pero sí conoce el tema porque varios músicos informaron. Entre 2010 y 2011, este organismo capturó 10 integrantes del combo de "Carlos Pesebre", por extorsionar a comerciantes de la calle Colombia con la carrera 80.

Ambas dependencias de seguridad invitaron a los mariachis a que se acerquen y entreguen suficientes detalles para proceder contra los delincuentes. Advirtieron que, si bien los reportes anónimos sirven, la denuncia con nombre propio da más fuerza a la investigación y a la judicialización del criminal.

Entretanto, los músicos confesaron que no se atreven porque sospechan de connivencia de algunos policías con los delincuentes.

Al respecto, el coronel Juan Pablo Guerrero, subcomandante de la Policía Metropolitana, aseguró que no conoce casos de agentes sometidos a procesos disciplinarios por extorsiones en el barrio Estadio.

No obstante, declaró: "Tenemos toda la disposición de actuar contundentemente contra los miembros de la Policía Nacional que olvidan el cumplimiento del compromiso ético y moral de su juramento. Pero necesitamos el apoyo ciudadano porque actuamos sobre lo que conocemos y podemos demostrar".

En cualquier caso, la situación es tan difícil que uno de los músicos confiesa que en un año dejará la mariachada. Ahora, cada día se arma de valor y se pone la chamarra, el chaleco, el sombrero, revisa la botonadura del traje y se calza las botas para el taconeo.

Cuando se vaya, tal vez recordará la letra de Llamarada, de Jorge Villamil, que tanto entonan decenas de hombres de talento ambulante, alegres a pesar de todo. Trompetas, vihuela, guitarrón y violín llorarán, y del fondo saldrá la voz del dolor:

Y no podré llorar, tampoco he de reír, mejor guardo silencio, porque ha llegado el fin. Lo nuestro terminó, cuando acabó el amor, como se va la tarde, al ir muriendo el sol.

*Nombres cambiados para  proteger la identidad de las fuentes.