HISTÓRICO
LOS NOTITRAFICANTES
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Por SAMUEL ARANGO M. | Publicado el 11 de noviembre de 2012

En varias oportunidades he estado a punto de renunciar a mi profesión de periodista. No lo he hecho porque no es una profesión sino una vocación, una pasión, y a eso no se puede renunciar. Además, porque mi propia vida no depende de los demás sino de mí mismo.

Pero desde que era estudiante, pleno de sueños e ilusiones, me choqué con una dura realidad: existen periodistas, no todos pero más de lo que se espera, que son una verdadera vergüenza para la profesión y para la sociedad.

A uno de mis profesores lo echaron del medio de comunicación en el que laboraba porque se descubrió que pasaba factura de las buenas noticias que publicaba y que cobraba por no publicar hechos negativos para una persona o una empresa.

Recién egresado me ofrecieron un trabajo en un noticiero de televisión de Antioquia pero que se pasaba en un noticiero de una cadena nacional. No existía Teleantioquia. Cuando asistí a la entrevista y vi que la sede era fastuosa, mañé, ostentosa y que el dinero rumbaba, me devolví y no me presenté. Ese pequeño noticiero era propiedad de uno de los capos más perversos que ha tenido la humanidad en toda su historia.

Conocí a otro espécimen que viajó por todo el mundo, con todos los gastos pagos en primera clase y hoteles de lujo a cambio de informes maravillosos que aparentaban objetividad pero que eran publirreportajes. Yo mismo viajé varias veces invitado por líneas aéreas, pero siempre, antes de viajar, dejé en claro con mis anfitriones que no había ningún compromiso de publicar y que si lo hacía el contenido sería a mi criterio. Hubo acuerdo y respeto de las dos partes.

Un periodista de este medio, en el cual yo trabajaba en el momento, me llamó confundido de un pueblo en donde se hallaba cubriendo una competencia de ciclismo y me contó que un patrocinador de un equipo, del que se sabía que era dudoso en sus vínculos con la droga, le había mandado a la habitación del hotel un sobre con una buena cantidad de dinero en efectivo, ‘por la manera seria y objetiva que había trabajado la información de la competencia y del equipo’.

El periodista, en un gesto que lo enaltece para siempre, devolvió con temor el sobre y le reportó a su superior. No pasó de ahí aunque el periódico, también en un gesto noble, le dio una bonificación al periodista por la misma cantidad de dinero que él había rechazado. Claro que otros recibieron el sobre.

En fin, estas historias son apenas el comienzo de muchas experiencias periodísticas que iré narrando y que enaltecen o vilipendian esta bella profesión. El notitráfico, tráfico de noticias, es una vergüenza.