HISTÓRICO
Los rusos trajeron el hielo para patinar
Mónica Quintero Restrepo- Medellín | Publicado el 31 de mayo de 2010
El juego es doble. Del hielo al aire, a girar el aro, a quedar de cabeza, a hacer malabares. Siempre con los patines en los pies.

En el Circo ruso sobre hielo, el patinaje artístico se une con el show circense. La historia, completa, se cuenta al ritmo de la música, de las luces y, por supuesto, del hielo.

Tarzán coge impulso, y abrazado a Jane, se elevan para quedar girando sobre la pista. Tarzán, de pelo largo, mono, acento argentino, no trepa árboles, ni se balancea entre las lianas. Tarzán patina, tanto como los gorilas, los elefantes, los mandriles. Y así se enamora, y así narra su cuento, o su selva, como se prefiera.

No es diferente con la Sirenita, ni con los Picapiedras que, dice Anton Tumanov, director y artista, "bailan rock and roll, y la Sirenita tiene un romance bonito con el príncipe".

En esta carpa, que tiene una pista de 18 metros, y una "máquina enorme -explica Tumanov- que trabaja las 24 horas y que hace que el hielo esté congelado siempre", y que con escenario, estructura y demás, alcanza unas 600 toneladas, la promesa es diversión para los más pequeños y también, los grandes.

Si bien hay tres actos dedicados a los niños, el ballet y el baile asombran sin importar la edad.

Los patinadores son profesionales, casi todos rusos, aunque hay artistas de otros lugares, como Cuba y Argentina, que ensayan todos los días, unas tres horas. Después se dedican a conocer Medellín. "Hermoso", cuenta Luis Lazarte, quien hace de Tarzán.

Los patines se deslizan sobre el hielo. Un hula-hula gigantesco. Ella que se mueve. Los pies que se mueven. El aro que se mueve. Patina, mientras tanto.