HISTÓRICO
LOS SILBIDOS PARA DILMA
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    LOS SILBIDOS PARA DILMA |
Por DAVID E. SANTOS GÓMEZ | Publicado el 17 de junio de 2013

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, tiene una aprobación superior al 70 por ciento. Su presidencia, sin duda consecuencia del espaldarazo de Luis Inácio Lula da Silva, transcurre con más altas que bajas en un territorio inmenso, con desarrollos económicos acelerados y disminución de la brecha entre ricos y pobres.

Un paraíso político, podrían decir algunos. Sin embargo, hay una cara desagradable que se acaba de hacer pública mundialmente.

El sábado pasado, mientras se inauguraba en Brasilia la Copa Confederaciones de Fútbol, de la cual Brasil es anfitrión, la presidenta recibió una silbatina sin precedentes. El ensordecedor ruido de todo un estadio inconforme con la mandataria causó tanto impacto que el mismo Joseph Blater, director de la Fifa y acompañante de Rousseff en el palco, pidió por micrófono a los aficionados más consideración por la política. "¿Dónde está el respeto, dónde está el fair play?", dijo.

¿Cómo es posible que una mujer a la que se le reconoce un progreso importante y un buen manejo de lo público, reciba tamaña muestra de desprecio?

La verdad es que a pesar de los avances significativos, los últimos meses han sido contrarios a sus propuestas y la ciudadanía empieza a ir en su contra.

Desde el inicio de su mandato, Rousseff ha capoteado denuncias de corrupción dentro de su gabinete y las ha resuelto ajustándolo tras la presión popular. El mayor reto actual, sin embargo, está enfocado a un problema puntual que se está desbordando. Hace dos semanas inició en Sao Pablo una amplia protesta por el aumento en las tarifas del servicio público de transporte, y la chispa de incomodidad saltó a otras grandes ciudades como Río de Janeiro y Porto Alegre. Los protestantes dicen que, como en otros movimientos de indignados, el tema de las tarifas es apenas la última cachetada que colmó la paciencia.

Las protestas han sido ferozmente reprimidas y el efecto es, para desgracia del establecimiento, el aumento de los protestantes. Se suman en las arengas temas tan dispares como el transporte, la salud, los servicios públicos o incluso los excesivos gastos en la preparación de este campeonato de Fútbol de las Confederaciones o del Mundial del año entrante.

El desorden latinoamericano está igual de presente en Brasil, donde los presupuestos para los megaestadios superaron por mucho lo planeado inicialmente como resultado de la corrupción y la burocracia.

Dilma fue silbada y ella mantuvo su cara adusta. Ha sido una mujer de hierro frente a las críticas de la oposición y lo seguirá siendo frente a aquellos que no comparten, desde la calle, su visión del país. Porque a pesar de que la chiflen en el templo del culto al fútbol, quizá el más valorado en nuestro continente, ella se siente confiada en que en un año logrará su reelección. Yo creo lo mismo.