HISTÓRICO
Lucía de la Cuesta fue un modelo de solidaridad
  • Lucía de la Cuesta fue un modelo de solidaridad | Lucía de la Cuesta falleció el miércoles pasado. Trabajó por la ciudad, por la convivencia desde la solidaridad. FOTO ROBINSON SÁENZ
    Lucía de la Cuesta fue un modelo de solidaridad | Lucía de la Cuesta falleció el miércoles pasado. Trabajó por la ciudad, por la convivencia desde la solidaridad. FOTO ROBINSON SÁENZ
Por LILLIANA VÉLEZ DE RESTREPO | Publicado el 24 de agosto de 2013

Lucía irradiaba vida. Nunca se quejó y aunque algunas cosas la podían perturbar, era de las que cantaba la tabla siempre con una sonrisa. Esta era su mejor herramienta de trabajo, con la que abría todas las puertas y tocaba los corazones.

"En cada corazón de cada persona pobre hay una lección de Lucía, una posibilidad que ella les dio y nunca se cansó de luchar por ellos", recuerda su gran amiga María Inés Restrepo de Arango.

Doña Lucía nació el 24 de febrero de 1938 en Medellín. Estudió primaria y bachillerato en el colegio La Presentación y luego cursó estudios de Gerencia Social y de Sicología en la Universidad de Antioquia. Formó su hogar con William Londoño Nicholls y sus hijos: Juan Luis (quien fuera ministro de Protección Social), Ana Patricia, Ángela María, Rodrigo y Jorge Alberto, además de 11 nietos, por los que se desvivía.

"Yo le pedía que me diera clases de abuela, porque ella era de las que se ponía a jugar a las escondidas con sus nietos en el sótano del edificio y de las que les armaba paseos y arrancaba con ellos", agrega María Inés.

Siempre decía que lo que les quería dejar era cultura y por esta razón viajó varias veces a Europa con ellos, para que conocieran otras culturas y se dieran cuenta de que el mundo era muy grande.

La bondad en Lucía no conocía límites y en su trato con las personas no había distingos, mucho menos cuando de necesidades se trataba. Era entonces cuando su misericordia por el otro se hacía palpable.

La familia para ella era sagrada. "Solía decir que si la familia, el núcleo primario no estaba bien, nada podía estarlo. Era el centro y a partir de ahí se irradiaba a los demás", dice Omaira, amiga cercana.

Esto explica en parte el permanente contacto entre ella y sus hijos, que así estuvieran en otra ciudad, la llamaban hasta cinco veces al día.

Nunca esperó el reconocimiento. Al contrario, cuando terminaba de hacer un proyecto ya estaba pensando en "otra loquina", como llamaba a sus ideas, desde trabajar como alcaldesa cívica hasta trabajar de la mano del BID para sacar adelante proyectos a favor de los más necesitados. Y aunque los retos sonaran difíciles, no conocía barreras y nada la detenía. Una de sus máximas era: "No se puede parar, hay que actuar. Hay que insistir, resistir y volver a insistir".

"Siempre actuó en función de buscar soluciones a la injusticia y la iniquidad. Dedicó los latidos de su corazón a las causas sociales", destaca Sonia Vásquez Mejía, Secretaria de las Mujeres del municipio de Medellín.

Así como en la filosofía se habla de un modelo que uno quiere seguir, Lucía fue un modelo. "Tenía esa fuerza y esa capacidad para mover montañas, para enseñar sin dictar cátedra: solo con escucharla y verla uno aprendía algo todos los días", precisa su amiga.

Lucía, además, era muy espiritual. Decía que tenía su propio pacto con Chucho. "Cada que nos enfrentábamos a un problema o una barrera, me decía: dejémosle ese problema a Chucho que él nos lo arregla", recordó Omaira.

De hecho, ese miércoles triste de su partida, a las 7:30 a.m. estuvo en una reunión en el Centro de Fe y Culturas. Y como siempre, al final, hubo una reflexión. En este caso fue sobre un escrito de la Madre Teresa de Calcuta llamado Cuando...

El escrito le quedó sonando, tanto que al mediodía, tras almorzar con su hijo Jorge, se lo leyó haciendo hincapié en una frase que la había impactado: "Seremos egresados de la Tierra".