HISTÓRICO
LUCÍA ES LUZ
  • LUCÍA ES LUZ |
    LUCÍA ES LUZ |
Por ANA MERCEDES GÓMEZ MARTÍNEZ | Publicado el 24 de agosto de 2013

Hay tantas cosas sobre las cuales opinar, pero algo me dice que escriba sobre Lucía De la Cuesta de Londoño.

No sé la razón, pero durante toda la ceremonia litúrgica pensé no sólo en ella sino también en otra Lucía, su contemporánea, que marcó mi vida para siempre, por lo que para mí significaba, y porque murió prematuramente en un accidente de tránsito. Desde ese día en que mi Lucía se fue a ser Luz en la Plenitud, a mis escasos doce años, aprendí que la vida en la Tierra es un camino frágil, y que vale la pena vivirla sólo si se enfoca al servicio.

Ambas Lucías fueron personas esenciales que serán recordadas siempre por lo que hicieron, lo que aportaron y, sobre todo, por lo que fueron.

De Lucía De la Cuesta de Londoño guardo la mirada sabia y profunda, la sonrisa, aún en los momentos más difíciles, la entrega incondicional a los demás, la serenidad contagiosa, la fe inquebrantable, la paz de su espíritu, el amor siempre multiplicado. Ella fue bautizada con el nombre perfecto. Lucía viene de luz. Y ella fue luz en la Tierra y ahora es Luz en esa dimensión que llamamos Cielo.

Lucía De la Cuesta fue una esposa, mamá y amiga ejemplar. Recuerdo el Editorial "Adiós a un líder", que escribí cuando murió su hijo, Juan Luis, en un absurdo accidente de aviación. Ese jueves 13 de febrero de 2003, cambié el diseño de la página: incluí su foto dentro del Editorial y, debajo del texto, puse una selección de frases que él había pronunciado. Todas eran lecciones de vida. No podía ser de otro modo habiendo tenido el ejemplo de sus padres, William y Lucía. Juan Luis era, para mí, el Ministro estrella del Presidente Álvaro Uribe. Y se proyectaba como un futuro presidente de Colombia. ¡Cómo sería de distinto este país, si Londoño De la Cuesta hubiera sucedido a Uribe en el Palacio de Nariño…

Y decía el Editorial: "La mayoría de los que lo conocieron, por no decir todos, lo consideraban el líder que, junto al Presidente Álvaro Uribe, dirigiría a Colombia a buen puerto. (…) y ayudaría a disipar las tormentas que amenazan con dejar al país a la deriva(…) era un líder, según el concepto moderno de liderazgo. A Juan Luis no se le vio jamás investigando solo, planeando solo, trabajando solo, sino en grupo, liderándolo".

Lo mismo podemos decir de su mamá, Lucía. Jamás trabajó sola. Siempre lo hizo en grupo y pensando en el bien común, en la solidaridad, en la igualdad de oportunidades para todos, en la equidad.

A Lucía De la Cuesta nunca la vi malgeniada. Era un remanso de paz. Ella nunca dividía sino que unía y sumaba voluntades. Era puente. Siempre puente. Ablandaba el corazón más duro.

Nos encontrábamos en el Centro de Fe y Culturas, CFCs, en distinto tipo de reuniones. Hablábamos y tejíamos sueños que ella lideraba. Casi siempre se sentaba al pie de Beatriz Restrepo Gallego. Todos los compañeros en el CFCs nos sentimos un poquito huérfanos. Y Beatriz sí que la extraña.

Sabemos que, aunque está en su Pascua, ha dejado un vacío en todos, pero muy especialmente en sus hijos, sus nietos, en toda su familia.

Ocho días antes de morir, oímos al Padre General de la Compañía de Jesús, quien dijo que estábamos en un mundo de grandes cambios. Como vivió en Japón, agregó que los japoneses no tienen religión pero sí religiosidad y que cada 31 de diciembre a las 11 y 45 de la noche piden que el próximo año sea de paz y tranquilidad, ya sea en templos shintoístas o budistas, y contrastó esta actitud con la de los occidentales que a esa hora están emborrachándose en algún lugar. Y estoy segura de que en el hogar Londoño De la Cuesta siguen la costumbre japonesa.

También dijo que la preocupación de los sabios es: ¿Cómo ayudar a la humanidad? ¿Cómo mitigar el sufrimiento? Y que estas preocupaciones están en la raíz de todo movimiento religioso. Y concluyó con que el único cambio que puede ayudar a la humanidad es el cambio interior de cada persona. Que hay que conocerse a sí mismo, que ser religioso es ser compasivo. Todas estas palabras encajan perfectamente en Lucía. Ella las oyó. Después nos despedimos. Jamás pensé que era la última vez que nos decíamos Adiós en la Tierra. Ojalá sigamos su ejemplo para algún día llegar a la Plenitud y volver a ver a Lucía, hecha Luz.