HISTÓRICO
Madre Laura una milagrosa a punto de santidad
Lilliana Vélez De Restrepo | Publicado el 09 de noviembre de 2008
Desde hace 36 años Ligia Lopera de Gómez y su familia se volvieron devotos a la Madre Laura.

Ella les ha hecho varios milagros. El más importante: salvó a la segunda de sus hijas de una fatal enfermedad.

"Fue precisamente el oftalmólogo Ivar Echeverri quien se dio cuenta de que mi hija, de 7 años, tenía una miastenia gravis, una enfermedad que incluso en este momento sigue sin tener cura", recuerda Ligia.

Le dijeron que si la niña llegaba a la adolescencia lo haría de manera difícil y dolorosa.

Alguien, entonces, le habló de la Madre Laura y sin conocerla, pero tampoco sin pensarlo demasiado tiempo, fue a su santuario en el barrio Belencito Corazón.

"Le pedí con gran devoción, la niña se curó por completo y hoy vive como una rosa. Es una mujer que hace de todo, vive súper activa y nunca está cansada".

Ligia, quien viajó a Roma para la beatificación, da fe de más favores que ha recibido su familia de esta milagrosa en camino de llegar a la santidad.

"Ella es una santa y ese no ha sido el único milagro que nos ha hecho".

Voces a favor
Sus palabras se suman a las de cientos de peregrinos y devotos que han dejado testimonio de los favores recibidos en un recinto abierto, contiguo al templo, donde sobresalen más de 100 placas de agradecimiento, al igual que muletas, prótesis y silla de ruedas.

"Esa silla era de un constructor, Juan Hernán Fonnegra, quien se cayó de una obra y quedó inválido. A los dos días de iniciar la Novena a la Madre Laura, la silla se le partió en dos, cayó al piso y pudo levantarse, curado", explicó la hermana Aura Latorre, directora del Santuario Beata Laura Montoya.

Más de 80 mil personas provenientes de 32 países han visitado el Santuario durante los últimos cuatro años. Y muchos de ellos han dado fe de los milagros que la Madre Laura les ha hecho.

La lista es larga y sigue creciendo. Y va desde la cura de cáncer en más de 22 órganos, epilepsias, infartos, diabetes, inválidos, sordomudos, desahuciados por enfermedades renales, drogadictos, alcohólicos y un largo etcétera, hasta casos de consecución de vivienda, regreso de hijos o familiares desaparecidos o secuestrados, y solución oportuna a necesidades económicas.

De todos estos casos hay un milagro en especial que es el que en la actualidad analiza El Vaticano y con el que la catalogarían como santa. Su proceso de canonización está en curso y su fallo pronto se conocerá.

Huellas de luz
Proveniente de una familia profundamente cristiana, Laura Montoya Upegui quedó huérfana a los dos años de edad cuando su padre fue asesinado por defender la religión y la patria.

Ella, junto a su madre y sus dos hermanos, tuvieron que enfrentar muchas dificultades económicas debido a que los bienes les fueron confiscados.

Según recuerda la hermana Aura Latorre de labios de su madre, Laura aprendió a perdonar y a fortalecer su carácter con cristianos sentimientos.

"El conocimiento y el amor de Dios despuntaron en su alma desde la tierna edad y Él se le dio a conocer en hondas experiencias trinitarias".

Muy joven egresó de la Normal de Institutoras de Medellín, lo que le permitió ayudar a su familia y recorrer varios municipios lejanos de Antioquia.

Fue así como llegó a Urabá, donde se propuso evangelizar a los indígenas, no cristianos y marginados.

Esta fue la razón para que creara, en 1914, la Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena.

"Su meta era llevar la luz del Evangelio a los habitantes de la selva y mostrarles el amor de Dios, y lo logró".