HISTÓRICO
Una santa de nuestra raza
Carmen Elena Villa, periodista y laica consagrada. Columnista de EL Colombiano | Publicado el 20 de diciembre de 2012
Es un día de alegría para Colombia. Tendremos la primera santa nacida en nuestras tierras.
 
La Iglesia universal pondrá como ejemplo de vida a esta mujer noble y ejemplar quien con oración y apertura al espíritu, descubrió una gran sensibilidad hacia los indígenas de Antioquia y fundó las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, hoy conocidas como las Lauritas.
 
Ella también fue víctima de la violencia de nuestro país, pues quedó huérfana a los dos años pero este intenso dolor le sirvió para aprender a perdonar a los asesinos de su padre y a trabajar por las personas más excluidas de la sociedad.
 
Una mujer que trabajó duro por los indígenas, supo ver en ellos la dignidad de hijos de Dios, aprendió a hablar su lenguaje y luchó contra la discriminación racial rompiendo paradigmas de aquel tiempo y sometiéndose a la incomprensión de muchos. Las críticas no le importaban. Ella estaba convencida de lo que hacía.
 
Los procesos de canonización no son nada sencillos. Requieren años y en varios casos siglos de investigación, entrevistas y de dos milagros (uno para la beatificación y otro para la canonización), que deben ser analizados por una comisión de médicos, no necesariamente creyentes, para comprobar que no es posible que ocurra esa curación con causas naturales. La vida de esta futura santa ha pasado todas estas pruebas.
 
La canonización de la Madre Laura nos trae a los paisas una gran lección: la santidad no es cosa del pasado, ni de personajes míticos casi de la edad media provenientes de lejanos países cuyas imágenes viejas reposan en iglesias oscuras. Ella es una mujer de nuestra cultura y nuestra raza. Con apellidos muy colombianos. Quizás comió arepa y tomó agua panela. Ojalá sea la primera de muchos colombianos que con su vida heroica y su inflamado amor a Dios también podrían recibir en un futuro el título de santos.