HISTÓRICO
MALDICIÓN ENAMORADA
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Por ARTURO GUERRERO | Publicado el 25 de diciembre de 2012

La semana entre dos fiestas que marcan frontera de años es tiempo de dar cantos, agasajos por la loca carrera de los días, y fortunas por la incógnita que sigue. Para eso estamos por esencia, para decir agradecimientos. Y luego temblar ante la vasta negrura por venir.

En el prefacio a su largo poema "Altazor", el chileno Vicente Huidobro oye hablar al creador que no tiene nombre y que "es un simple hueco en el vacío, hermoso como un ombligo". Murmura el ombligo: "creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar… a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador".

Esta semana es, pues, oportunidad de enmendar la plana y volver al rol laudatorio. En lugar de hablar y razonar, volar en aguas, mimar, besar, pronunciar gracias. No profanar la boca ni rebajar la lengua a número. Más bien ensalzar al sol que brilla desmelenado en estos días y otorgarle género femenino al mar, la mar.

Aclara Huidobro en verso, ahora como hombre, como todo el hombre: "Porque mi voz es solo canto y solo puede salir en canto / La cuna de mi lengua se meció en el vacío / Anterior a los tiempos / Y guardará eternamente el ritmo primero / El ritmo que hace nacer los mundos / Soy la voz del hombre que resuena en los cielos / Que reniega y maldice / Y pido cuentas de por qué y para qué".

El ritmo es meneo ventral cuya música les madruga a los planetas. Por eso los crea, por eso a su tam-tam los astros se despiertan de la nada. ¿No es más sensato entonces acogerse a esta resonancia y poner la lengua, bella nadadora, a cantar? Cantando nos escuchan los cielos, así los cantos sean reclamos.

Deponer argumentos, darles baja a silogismos, jubilar cálculos: bonito plan para festividades. Y cuando el pensamiento y sus lógicas duerman, entonar coplas líquidas, batir el cuerpo cosido a otro cuerpo como si juntos fueran una sola lengua.

Quizá la fórmula de la paz sea la gratitud. El perdón fue necesario, la verdad indispensable, pero ahora es la hora de trovar gracias, burlarse de la muerte y reconocer favores. El que agradece desarma al dador y lo fija en su naturaleza generosa. La lengua que solo puede salir en canto crea mundos impensados por la lengua que habla. Será maldición, pero maldición enamorada.