HISTÓRICO
El empate en el clásico favoreció al rojo
Por José Fernando Serna | Publicado el 06 de diciembre de 2012

Plato futbolero que prometía en el papel. El clásico montañero, entre el Independiente Medellín y Atlético Nacional estaba cargado como una buena bandeja paisa. La necesidad de los dos elencos se enfilaba a un solo propósito: los tres puntos.

"Esta noche cueste lo que cueste tenemos que ganar", coreaban un par de hinchas con la bandera de Nacional mientras ingresaban al Atanasio Girardot. Del otro lado, en la zona norte, un centenar de hinchas rojos, con bombos, camisetas y banderas azules y rojas, entraban en calor para el partido más emocionante del grupo B en los cuadrangulares semifinales.

Ya dentro del estadio, mientras se daba el pitazo inicial, los hinchas conversaban entre sí, discutiendo las nóminas que saltarían al terreno de juego. Por los lados del conjunto verde eran más las dudas por los constantes movimientos del profesor Juan Carlos Osorio por lesiones y bajo rendimiento, de algunos jugadores.

Por las toldas rojas todo estaba en calma. Con Hernán Bolillo Gómez en el banco, los del rojo han ido consolidando el proceso futbolístico, con la nómina existente. Así que las cuentas estaban claras. El partido prometía emoción y corazones agitados.

Y llegó la hora. La fiesta del fútbol se empezó a vivir minutos antes de que los equipos estuvieran sobre el gramado. Desde el sector norte se elevaron por los cielos dos manchas, una roja y otra azul. Espectáculo a la vista.

La tribuna sur se vistió de verde y blanco con plásticos y una gran bandera que rezaba "La vida por esta pasión".

Solemne homenaje a Miguel Calero en todo el Atanasio. De un momento a otro, la ausencia de ruido se notó al Coloso de la 74. Nadie hablaba, nadie gritaba, un homenaje que luego estalló con un fuerte aplauso para despedir al compañero y amigo que partió a la eternidad el pasado martes.

Al juego
El contador de velocidad en el estadio sobrepasó los límites. Los dos equipos, apurados por el resultado, arrancaron las emociones muy pronto. Con velocidad extrema, Medellín empezó a dominar las acciones, sin embargo, los jugadores verdes respondieron rápido y con un buen dominio del balón para asustar el arco protegido por Leandro Castellanos.

Muy pronto, a los 15 minutos de juego, Nacional tuvo que realizar una modificación. Una jugada desafortunada sacó a Luis Fernando Mosquera del terreno de juego, y le dio paso a Fernando Uribe. Cambio obligatorio que hacía rearmar las ideas al profesor Osorio, estratega del verde.

Las emociones del juego se vinieron a menos. Los altibajos del partido daban muestras de la tensión que había en la cancha para evitar el error. Y es que equivocarse en esta instancia podría significar reducir al mínimo las esperanzas de una final.

Minuto 25, las tribunas cantando de manera inagotable. Juan David Valencia se paró al frente del balón a 25 metros del arco rojo, pateó con ubicación y al palo izquierdo voló magistralmente Leandro Castellanos. Un ¡uy! estalló en la tribuna, un grito de gol se ahogó en las gargantas del verde.

Y es que mientras Avilés Hurtado rompía las bandas, el guardameta del poderoso se convertía en figura atajando una y otra vez los remates de Fernando Uribe. Medellín buscaba con Felipe Pardo no quedarse atrás y ponía en alerta la defensa del verde compuesta por Óscar Murillo y Stefan Medina.

Por ningún lado se veía que el marcador podría romperse, pero en la reposición un cambio de frente desde oriental de Macnelly Torres dejó mano a mano a Juan David Valencia, que a los 45 + 1 ponía el 1-0. La afición verde reventó en alegría y la celebración se fue al camerino porque con este gol se finalizó el primer tiempo.

Tensión
Los equipos regresaron a la cancha para la etapa complementaria como si no se hubieran retirado de la cancha. El sabor del gol verde aún estaba muy fresco y el Medellín salió con todo a buscar el resultado. Era normal, la clasificación estaba en juego.

Con William Zapata por izquierda y Pardo por la derecha, Medellín increpó el terreno del verde. Cristian Bonilla, arquero de Nacional, mientras tanto observaba cuidadosamente cada llegada de los delanteros rojos. Sobre la línea, Bolillo Gómez, impávido veía el desarrollo del juego. Remar contra la corriente era más tensionante para el experimentado estratega.

Los ánimos no se calmaron ni un minuto. La gente en la tribuna no tuvo suficientes uñas para comer, de dientes apretados con cada acercamiento a los arcos, unos se paraban y otros se llevaban la mano a la cabeza. El 1-0 era insuficiente para algunos hinchas verdes, pero los del rojo anhelaban por el contrario el grito de gol que emparejara de nuevo el juego.

A estas alturas del encuentro el juego bonito desaparecía para darle paso al de la entrega y la fuerza. Nacional, con Macnelly, intentaba dominar el medio campo. Medellín, con John Viáfara era más explosivo y punzante.

Tanto insistía el DIM en buscar el resultado que el verdugo de Nacional, Germán Ezequiel Cano a los 82 minutos cazó un rebote en el corazón del área y de cabeza la embocó en el arco de Bonilla. ¡Oh emoción! en la tribuna roja que vio recompensado el esfuerzo.

De nuevo se repartieron las cargas y el 1-1 ponía a los dos equipos a buscar el gol del milagro. Los corazones palpitan rápidamente cuando el balón entraba en el área contraria. El estrés se multiplicó en 33.874 almas que no se contenían en gritos y manotazos al viento para explicar lo que sentían.

Minutos finales de tensión que al final se diluyeron en opciones desperdiciadas. Nadie se aguantó de pie, todos, chicos y grandes, tomaban aire mientras esperaban el pitazo final en un encuentro que al final quedó en tablas y con los cuatro equipos del grupo B con vida de llegar a la final.

El rojo quedó con la primera opción al sumar 8 puntos, escoltado por Itagüí y Nacional con 7, mientras Equidad cierra la llave B con 6.

La próxima fecha, la última de los cuadrangulares, será de infarto con los juegos Nacional-Equidad e Itagüí-Medellín programados para el próximo domingo a las 3:15 p.m.