HISTÓRICO
Media Luna, 50 años de una dolorosa tragedia
  • Las tareas de rescate de los cadáveres duraron nueve días. En esta foto (tomada ese 12 de julio) se aprecia la magnitud del deslizamiento, mientras en la parte más alta de la montaña un grupo de personas observa el sitio del siniestro. El derrumbe sepultó a socorristas, bomberos y curiosos. El lugar fue declarado campo santo.
    Las tareas de rescate de los cadáveres duraron nueve días. En esta foto (tomada ese 12 de julio) se aprecia la magnitud del deslizamiento, mientras en la parte más alta de la montaña un grupo de personas observa el sitio del siniestro. El derrumbe sepultó a socorristas, bomberos y curiosos. El lugar fue declarado campo santo.
  • El capitán Valerio García perdió a su mejor amigo en Media Luna. Aún conserva un casco de cuero endurecido de los que usaban los bomberos hace 50 años. Su familia lo dio por muerto durante varios días.
    El capitán Valerio García perdió a su mejor amigo en Media Luna. Aún conserva un casco de cuero endurecido de los que usaban los bomberos hace 50 años. Su familia lo dio por muerto durante varios días.
  • Un altar de la Virgen Milagrosa fue puesto en el sector de Media Luna en Memoria de las víctimas. Hoy, no sólo se encuentra abandonado, sino mutilado. Un habitante del sector le arrancó la cabeza de un machetazo.
    Un altar de la Virgen Milagrosa fue puesto en el sector de Media Luna en Memoria de las víctimas. Hoy, no sólo se encuentra abandonado, sino mutilado. Un habitante del sector le arrancó la cabeza de un machetazo.

  • Mañana 12 de julio se cumplen 50 años de la tragedia de Media Luna.
  • Derrumbe en ese sector de la vía a Santa Elena cobró un centenar de vidas.
  • Entre las víctimas estaban la madre y la hermana de Ramón Hoyos.
  • Bomberos de la época y el ex ciclista recuerdan el suceso que enlutó al país.
Por
Juan Carlos Monroy Giraldo
Medellín

Los noticieros radiales no dejaban de repetirlo en cada boletín que emitían el lunes 12 de julio de 1954: "Es la peor tragedia de la historia del país". La conmoción por un derrumbe en la vía a Santa Elena fue tal que en cada hogar de Medellín donde un integrante no apareció ese día, lo dieron por muerto en Media Luna.

Ese lunes, Valerio García y Leonardo Orrego, dos jóvenes bomberos estaban a punto de terminar su turno de 24 horas en la Estación de Libertadores. A las 7:30 de la mañana recibieron una llamada donde se alertaba de un derrumbe en la vía a Santa Elena (kilómetro 3), en un sector conocido como Media Luna.

De inmediato, una máquina salió al lugar señalado a atender la emergencia. Allí se enteraron de la situación: una vivienda construida a unos 120 metros arriba de la montaña había sido arrasada por un deslizamiento de tierra. María de Caro y sus cuatro hijos desaparecieron.

Mientras se iniciaban las tareas de búsqueda, en Medellín, la radio se encargó de dar la noticia que se regó por toda la ciudad. En poco tiempo una romería de curiosos emprendió camino hacia Media Luna.

"Eso fue tremendo, la gente subía caminando o en carros a noveleriar. Yo vi familias completas que armaron paseo de olla y todo y se fueron para el sitio del derrumbe", recuerda aún Mario Lopera, un labriego de la zona que tenía 12 años cuando sucedió el hecho.

En pocas horas, una emergencia normal se había convertido en el suceso del año. Hacia el mediodía, centenares de personas ya se encontraban apostadas en la parte alta de la montaña observando las tareas de rescate. Al lugar también habían llegado cerca de 60 areneros de La Iguaná, compañeros de Guillermo Caro, el jefe de la familia desaparecida.

Entre los curiosos que acudieron al lugar se encontraba María de Jesús Vallejo y María Angélica Hoyos, madre y hermana de Ramón Hoyos Vallejo, campeón nacional de ciclismo. La familia del deportista, que estaba prestando servicio militar en Bogotá, vivía en el barrio Alejandro Echavarría, muy cerca del sitio del derrumbe.

Peligro inminente
La búsqueda de la familia desaparecida se extendió todo el día, pero no hallaron nada. Y en vez de cuerpos, encontraron los restos de vacas y cerdos que arrastró la avalancha. En ese momento algunos expertos ya habían prevenido sobre el peligro de otro deslizamiento, pero nadie se movió del lugar.

Jaime Mejía, también bombero, lo recuerda bien. "Yo ya tenía miedo porque presentía que podía venirse otro derrumbe, la tierra avisaba con fragmentos que rodaban falda abajo. Le advertí del peligro al jefe al mando", dice Mejía. Pero la orden del capitán Guillermo Orrego fue clara: "Sigan buscando carajo, cómo vamos a correr de miedo los bomberos si toda esta gente no se va".

Sólo cuando anocheció, la gente inició el retorno a sus hogares, cansadas de esperar el momento del rescate. A las 6:40 de la tarde, el temor de muchos se hizo realidad. Un fuerte estruendo precedió un segundo y gigantesco derrumbe. Antes de poder correr, los socorristas vieron como la montaña se vino encima.

"Virgen del Perpetuo Socorro, sálvame de esta", alcanzó a gritar el bombero Valerio antes de agarrarse por las muñecas de dos compañeros que tenía a ambos lados, pero segundos después la fuerza de la tierra los alzó por los aires arrojándolos muchos metros abajo.

Valerio se incorporó aturdido, iba a dar unos pasos cuando se percató que estaba descalzo, pero no había tiempo que perder y comenzó a buscar a sus compañeros, sin suerte. En menos de una hora rescató 12 personas entre el espeso lodo.

Unas estaban heridas, otras tenían múltiples fracturas y a otras el alud les arrancó la ropa y las sacaban semidesnudos. "La gente gritaba y de la tierra salían manos que trataban de abrirse paso entre el fango", dice el ex rescatista.

A pocos metros de allí, otro bombero, Jaime Mejía, luchaba por su vida. El alud lo había tapado por completo, pensó que moriría allí mismo cuando escuchó la voz del capitán Orrego, el mismo que les había ordenado buscar a pesar del peligro. "Aquí, ojo que aquí hay gente viva, cójanme duro de los pies yo me meto en el barro".

Así lo hizo y entonces Jaime pataleó con fuerza para que lo vieran. Y tuvo suerte, "porque sin saber que se trataba de mí me rodeó con sus brazos y me jaló. A él le debo la vida", evoca Jaime, quien en ese momento tenía 21 años de edad.

Centenares de muertos
No corrió mucho tiempo para que Medellín y el resto del país se enterara de la tragedia en desarrollo. La noticia inundó la radio y los periódicos sacaron ediciones extras donde pedían a la ciudadanía que se dirigiera al lugar con lámparas de mano y donantes de sangre.

Así fue como Ramón Hoyos, entonces bicampeón de la Vuelta a Colombia a los 21 años, se enteró de la tragedia y que sus familiares estaban perdidos. "Me acosté preocupado y esa misma noche soñé que mi madre y hermana estaban en el derrumbe, pero vivas. Sólo hasta el otro día me dieron la noticia de su muerte".

Al día siguiente, el martes 13 de julio, EL COLOMBIANO tituló en primera página "Espantosa tragedia en Medellín". Ese día, encontraron a la madre y la hermana de Ramón Hoyos, que llegó ese día para el funeral. Cientos de fanáticos acudieron a la casa del ciclista en demostración de duelo.

En la casa del bombero Valerio García lo daban por muerto, pues su nombre figuraba en la lista de desaparecidos y él, que estaba vivo en un hospital de Rionegro, no regresó sino hasta después de volver a la montaña a buscar el cuerpo de Leonardo Orrego. Al tercer día lo encontraron. Orrego fue el primer bombero muerto en servicio en la historia de la institución.

Entre los cuerpos recuperados estaba el de Guillermo Caro, el arenero cuya familia desapareció en el primer derrumbe. "A él lo oímos renegar contra Dios diciendo que por qué no se lo había llevado a él también", cuenta Valerio.

Según los informes de la época, hasta el 16 de julio se habían recuperado 75 cadáveres y un número similar permanecía desaparecido. Las donaciones sumaban hasta ese momento 101.049 pesos. El Gobierno Nacional entregaría después 50 mil pesos de ayuda. El martes 20 de julio se tomó la decisión de suspender las labores de rescate. Más tarde, se declaró la zona campo santo. La Gobernación decretó cuatro días de duelo.

A los pocos meses, se corrió la carrera Trepadora a Santa Elena. Ramón Hoyos se bajó de su bicicleta para elevar una plegaria por sus familiares en el sitio exacto del deslizamiento. Luego, montó de nuevo y alcanzó uno a uno a los corredores que aprovecharon su oración para sobrepasarlo y a 20 metros de la meta, recuperó la punta y ganó la competencia.

"Hice el esfuerzo en memoria de ellas, que las cogió la muerte por irse de curiosas", rememora el campeón.

Entre 1926 y 1999 hubo 1.040 derrumbes
El 29 de septiembre de 1974, en el sector conocido como "La Silla", del barrio Santo Domingo Savio y sobre la margen izquierda de la quebrada Negra, se produjo un deslizamiento de unos 3.500 metros cúbicos de tierra que afectó parte de una invasión. En el desastre murieron más de un centenar de personas. Al parecer, fugas de un tanque comunal causaron el alud. Unas 30 familias fueron reubicadas en el sector de San Blas. El lugar fue declarado campo santo y varios años después fue repoblado.

El 27 de septiembre de 1987 a las 3:40 p.m., una masa de tierra se desprendió desde uno de los costados del Cerro Pan de Azúcar (corregimiento de Santa Elena), destruyendo a su paso unas 120 viviendas. Cerca de 500 personas perdieron la vida en este deslizamiento. La zona fue declarada campo santo. La deforestación, la inestabilidad del terreno, las lluvias y las precarias construcciones fueron las causas de la tragedia.

También en 1987, un desprendimiento de una masa de tierra y rocas sobre la quebrada Santa Bárbara, afluente de la quebrada Santa Elena, ocasionó una creciente que destruyó la parte alta del barrio Villatina. 86 personas fallecieron en este hecho.

Según el Dapard, desde 1926 hasta septiembre de 1999 se registraron en Antioquia 1.040 deslizamientos, que dejaron 1.989 personas muertas, 429 heridas y 27.999 damnificados, con pérdidas económicas estimadas en 4.840 millones de pesos.